
La Valtiberina es el valle del Tíber, un río que marca sus rasgos y lo convierte en una tierra fértil, un valle donde se encuentran los auténticos sabores y aromas de la campiña, donde el límite entre lo biológico y lo natural es imperceptible, donde aún las empresas producen todo, como hacían las antiguas granjas que sabían cómo aprovechar la tierra.
La Valtiberina fue frontera y a la vez punto de encuentro entre civilizaciones diversas: la umbra y la etrusca, la bizantina y la longobarda. Los obispos de Arezzo, los señores de Rímini y los del Montefeltro, los papas de Roma y finalmente los florentinos se disputaron durante siglos estas montañas y este valle. Los patricios romanos de la época de Augusto descubrieron su belleza y construyeron villas.
Después llegó el tiempo de los feudatarios y abades que erigieron castillos y monasterios sólidos y soberbios, y de los santos que descubrieron lugares capaces de saciar su sed mística. Michelangelo, nacido entre estas montañas, intuyó la vida en el corazón de la piedra, y Piero della Francesca, ya desde su natal Borgo San Sepolcro, intuyó el secreto del espacio y de la luz y lo tradujo en pintura. En la variedad de los estilos arquitectónicos, en los usos y costumbres, en los productos artesanales, en la misma lengua, la Valtiberina revela influencias multiformes que proceden de la Romaña, de las Marcas y de Umbría, y que contribuyen a determinar el carácter excéntrico del valle respecto al contexto toscano.
La tradicional dificultad de tránsito entre las dos vertientes del Apenino central ha contribuido al relativo aislamiento de este valle en el que Sansepolcro ha ejercido el papel de ciudad dotada de una fisionomía propia y de una autonomía cultural característica. Ciudades amuralladas íntegras como Anghiari o centros fluviales como Pieve Santo Stefano, abadías camaldulenses y conventos franciscanos, iglesias y castillos medievales narran la historia de este universo cautivador e indican al viajero los itinerarios más sugestivos y variados.
El Alta valle del Tíber está atravesada en toda su longitud por la Estatal Tiberina 3 y por la Autopista E45 que une Roma con el norte de Italia atravesando el Apenino precisamente cerca de las fuentes del Tíber. Otras carreteras la conectan con Arezzo, con el Valle de Chiana, con el Casentino hacia el oeste, con la Romaña hacia el norte, con el Montefeltro y el Adriático hacia el este.
Las ovejas, la raza chianina, los cerdos de todas las razas, los pequeños criaderos y la fruta, las verduras de la fértil llanura, el tabaco kentucky, el trigo, la espelta, las castañas, las plantas aromáticas están en cada rincón, en cada montaña. No es fácil decir cuál es el producto más significativo del valle, y es difícil dar un consejo sobre cuál es la parada más interesante, ya sea comenzar por las castañas, por la pasta, que aquí tiene una historia muy intrigante, o por los gustosos y auténticos quesos, o quizás es la ocasión perfecta para probar la verdadera carne chianina; aquí es posible de verdad porque encuentras chianina por todas partes, porque hay criadores que llaman por su nombre a sus vacas blancas ¡y a los enormes toros!
No importa desde dónde se decida partir, lo importante es decidir hacer un recorrido entre estas empresas dispersas en este paraíso, donde la naturaleza es verdaderamente virgen, fascinante y realmente «sabrosa».
La Valtiberina es una tierra para ver y saborear con los ojos y con el paladar, para recorrer con atención y lentitud y donde detenerse para conocer y apreciar las bellezas naturales, los lugares de interés histórico y artístico y el preciado patrimonio enogastronómico. La canasta de productos reúne los productos «típicos» de la Valtiberina en un único cesto, son productos «típicos» porque están vinculados a nuestra tradición histórica, se caracterizan por el uso de materias primas estrictamente locales y proceden de empresas del territorio.
Se puede partir desde Anghiari, un característico pueblo medieval, teatro de la histórica batalla entre florentinos y milaneses de 1440 celebrada por Leonardo en un fresco del que solo permanecen algunos cartones. La campiña alrededor de Anghiari está rodeada de olivares que regalan un excelente aceite con sabor a hierbas.
La siguiente parada es Monterchi, pueblo natal de Monna Romana, madre de Piero della Francesca, donde se puede admirar el célebre fresco La Madonna del Parto, que inspiró el logo de la Ruta de los Sabores. Los campos de girasoles y los cultivos de maíz caracterizan la actividad agrícola y la polenta es de hecho el plato típico, como testimonia la popular Fiesta de la Polenta que se celebra en otoño.
Continuando hacia Sansepolcro, la carretera atraviesa campos cultivados con tabaco. Se trata del Tabaco Kentucky, una variedad de prestigio fruto de una larga tradición y de una reconocida profesionalidad, con el que se elaboran los puros Toscanos. La excelente producción de verdura, fruta, hortalizas y quesos caracteriza la campiña alrededor de Sansepolcro y en todo el valle se pueden degustar carnes y embutidos de óptima calidad. La ciudad es conocida en todo el mundo también por la pasta, precisamente aquí nació a principios del siglo XIX la primera fábrica Buitoni. Además, siempre se ha prestado gran cuidado y atención a la elaboración del pan y de los productos de panadería.
Dirigiéndose hacia Badia Tedalda, dejando atrás la Reserva Natural de Alpe della Luna, el paisaje está dominado por vastas extensiones dedicadas a pasto donde se cría en estado semisilestre el ternasco blanco del Apenino Central (la renombrada raza Chianina). La muestra-mercado nacional de criaderos de ganado de raza chianina representa una cita importante para todos los operadores del sector y se celebra en Ponte Presale, a finales de septiembre.
Badia Tedalda es un pequeño pueblo que conserva antiguas memorias: por aquí pasaban los peregrinos que recorrían la vía Romea rumbo a la Ciudad Santa. A través de densos bosques, renombrados por la recolección de trufa, de setas y hierbas aromáticas, se llega a Sestino, último municipio de la provincia de Arezzo. Habitado desde los tiempos del Neolítico, fue Municipio romano y los numerosos hallazgos arqueológicos conservados en el Antiquarium Nacional testimonian su historia milenaria.
Pieve Santo Stefano, ciudad de origen romano, es hoy conocida por la colección de escritos inéditos conservados en el Archivo Diárístico Nacional. Aquí el Instituto para la Agricultura desarrolla una importante actividad de recuperación de los cultivos autóctonos de frutas, como manzanas, peras y otros cultivos típicos.
El «prugnolo», el más apreciado entre todas las setas, es protagonista de la Fiesta del Prugnolo en primavera.
Caprese Michelangelo, patria de Michelangelo Buonarroti, es un pueblo rodeado de castaños donde se recolecta la famosa y preciada castaña de Caprese, las setas y otros productos del rico sotobosque. Son muchos los platos a base de castañas o harina de castañas que se reproducen cada año en octubre en la Fiesta popular.
La Ruta de los Sabores, con su cartografía y sus indicaciones, guía al viajero entre los antiguos pueblos de la Valtiberina, sus áreas protegidas, los verdes valles y los bosques, en un viaje bajo el signo de la tranquilidad y del placer de vivir en estrecho contacto con las tradiciones rurales y artesanales de esta tierra.
Las empresas y las estructuras de alojamiento de la Ruta son puntos donde detenerse durante el recorrido para saborear y degustar la rica canasta de productos típicos: la carne chianina, los embutidos tradicionales, los gustosos productos del sotobosque, las variedades de setas, las trufas, las castañas, la miel, los quesos, el pan, el aceite, el vino y las plantas medicinales, productos que representan la cultura de esta tierra.
La Reserva Natural del Sasso di Simone se presenta ante el visitante como una de las más particulares de la Provincia de Arezzo. Aspira a ser el destino de quien, apasionado por la naturaleza y la historia, quiere sumergirse en un ambiente casi virgen, descubriendo fascinantes perspectivas panorámicas, extraordinarias formaciones geológicas e interesantes vicisitudes históricas que han tenido como protagonista esta enorme losa calcárea.
En continuo movimiento de lentitud geológica, el Sasso «emigrado» en épocas remotas del Mar Tirreno donde emergió hace 15 millones de años, flota sobre un espesor estrato arcilloso. La naturaleza expresa su belleza virgen en la cerrada natural, joya de especies florísticas y arbóreas raras, en las inmensas praderas que en primavera están multicolores por los tonos de innumerables especies florísticas, en las formaciones calanchosas con tierras policromas que ofrecen perspectivas de un «desfiladero» lunar por lo espectacular de las formas y los colores. La historia del Sasso ve como protagonista a la Familia Medici que, con Cosimo, quiso la construcción precisamente en la cima de la formación, de una ciudad fortaleza llamada «Ciudad del Sol» cuyos rastros aún son legibles.