
El municipio de Capraia e Limite se sitúa en la orilla derecha del Arno en el Valdarno inferior, a los pies del Montalbano, y posee una notable riqueza arqueológica, histórica y artística. Algunos estudiosos del Instituto De Agostini de Novara han planteado la hipótesis de la existencia en el territorio de Capraia e Limite de un antiquísimo puerto de origen etrusco. La parte septentrional del territorio está constituida principalmente por densos bosques de roble, pino y encina, mientras que en las zonas colinares se cultivan olivos y viñas y, en la zona llana que bordea el río Arno, además de viñas se cultivan cereales y legumbres. El municipio actualmente está formado por dos localidades (precisamente Capraia Fiorentina e Limite sull’Arno) y por algunas pequeñas aldeas en las que, en la antigüedad, surgieron los primeros pueblos: Bibbiani, Pulignano, Castellina, Castra, Conio y Colle. Hoy el municipio de Capraia e Limite tiene una población de aproximadamente 5.800 habitantes y se extiende por 25 kilómetros cuadrados desde la orilla derecha del río Arno hasta las laderas del Montalbano.
La localidad de Capraia está ubicada sobre un espolón que cae a pico sobre el Arno y conserva las características estructurales de un pueblo medieval fortificado, acentuadas por su posición en una colina escarpada, por las callejuelas estrechas donde era más fácil repeler los ataques, y por su Castillo que domina todo el poblado. El origen de Capraia es sin duda antiquísimo. Fue feudo de los pistoieses que desde la «Grotta» y desde la cúspide del espolón podían controlar la accesibilidad, tanto fluvial como terrestre, entre Florencia y Pisa, antagonistas de los florentinos que, desde el castillo de Montelupo construido frente al castillo de Capraia, se enfrentaban a las incursiones armadas de los pistoieses.
Limite debe su nombre probablemente al hecho de encontrarse justamente en el confín de una jurisdicción política y eclesiástica. La diócesis de Pistoia terminaba precisamente en Limite y la Pieve de San Lorenzo figura, en 1100, entre las treinta y cinco antiguas Pievi de dicha Diócesis. Limite surgió como puerto fluvial justamente por las particularidades de entonces del Arno en el tramo que atraviesa el pueblo.
De las actividades primarias agrícolas, ganaderas y forestales, se pasó, con el transcurso de los años, al desarrollo de otros oficios que dieron vida a pequeños grupos de artesanos, paja eros, albañiles, pescadores y, sobre todo, barqueros que, con sus embarcaciones, descendían y ascendían el río transportando sal, arenques, madera, pieles, etc. Desde tiempos antiquísimos los habitantes de Limite fueron atraídos y fascinados por su río.
El pequeño puerto y pueblo de barqueros estaba destinado a desarrollarse rápidamente, atrayendo nueva mano de obra de los pueblos vecinos surgidos antes de Limite, que se trasladaban aquí para dedicarse a los nuevos oficios que se incrementaban. Gradualmente, con el paso de los años, Limite adquirió mayor importancia que Capraia. El río Arno y el desarrollo que permitió en el incremento de las actividades productivas, creativas y laborales contribuyó sin duda al crecimiento de Limite: la categoría de barqueros creció rápidamente en importancia por la habilidad que requería la navegación del río en Limite, y pronto se convirtieron en los navegantes más expertos del Arno desde Florencia hasta la desembocadura y viceversa, solicitados para los transportes más importantes y difíciles. El paso de esta categoría a la de constructores de barcos fue breve, y cuando la construcción de la línea férrea Florencia-Pisa y de los puentes sobre el Arno disminuyó la importancia de los barqueros, esto no hizo sino incrementar y fortalecer la nueva especialización de los habitantes de Limite como «maestros carpinteros» y el nacimiento de Astilleros Navales, hechos famosos por la peculiaridad de las embarcaciones que en ellos se construían.
Ya edificado en época medieval, el castillo de Castra, cuyo topónimo romano indica un centro fortificado, se encontraba, al igual que el cercano de Conio, en una posición muy importante desde el punto de vista estratégico. Su ubicación, de hecho, parece estar relacionada con la antigua vialidad de la zona, y precisamente con la Vía Francígena o Francesca que, conectando Roma con importantes centros de Alemania, Francia y España, constituía una de las arterias principales de la vialidad medieval.
Actualmente no queda nada del núcleo antiguo excepto la torre. El único elemento artístico destacado es la iglesia de San Pietro a Castra que, reconstruida sobre las ruinas del edificio del siglo XVII que se derrumbó tras un bombardeo en la última guerra, conserva en su interior, de nave única, una estatua de madera policroma de San Pietro, datada entre finales del siglo XVI e inicios del siglo XV.
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