
Inmerso en las verdes colinas de la Toscana, Castelfiorentino es una encantadora localidad de la provincia de Florencia. Situado en un territorio rico en itinerarios naturales e históricos, hoy en día representa un descubrimiento placentero también desde el punto de vista turístico. En una posición óptima, ofrece al viajero la posibilidad de hospedarse en una localidad artísticamente interesante, con sus numerosas iglesias, sus villas señoriales, los relevantes frescos de Benozzo Gozzoli y los del santuario de Santa Verdiana, brindándole la oportunidad de llegar a las principales ciudades de arte con relativa facilidad.
Gracias a su red de servicios supralocales, ofrece la posibilidad de una conexión rápida a las principales ciudades de arte de la Toscana como Florencia, Pisa y Siena, y a lugares de interés histórico-artístico como Vinci, San Gimignano y Volterra.
Una amplia oferta de alojamientos, especialmente agroturismos, brinda la posibilidad de un turismo naturístico para descubrir las maravillas en los alrededores de Castelfiorentino. La presencia además de dos albergues (uno de ellos de la cadena internacional Hostelling International) demuestra que el turismo dirigido a jóvenes es también un objetivo fundamental de este municipio.
Un programa variado y próspero de eventos artístico-culturales, ferias y manifestaciones hace que la localidad sea interesante para visitar durante todo el año.
El punto de referencia es la gran y arbolada Piazza Gramsci, donde se asoma el Teatro del Popolo, construido en el siglo XIX.
Atravesando las calles del centro se llega a Piazza Cavour, desde la cual comienza Via Palestro, donde se encuentra el Palazzo dell’Arciconfraternita della Misericordia, construido en los años treinta.
Continuando por la vía, a la derecha destaca la maciza mole de la Chiesa di San Francesco (siglo XIII). Detrás de San Francesco, al fondo de un vasto prado arbolado, se alza el Santuario di Santa Verdiana, reestructurado a principios del siglo XVIII.
Volviendo a las calles del centro y recorriendo Via Garibaldi y la empinada costa (via Ferruccio), se puede observar la única puerta que queda de las antiguas murallas. A la derecha, en Via Lungo le Mura, son visibles restos de viviendas medievales. Continuando por la costa se llega a Piazza del Popolo, donde a la izquierda se puede observar el Palazzo del Comune, reconstruido tras un incendio de 1544 y restaurado en 1867. Frente al Ayuntamiento se encuentra la Chiesa dei Santi Lorenzo e Leonardo, que data de los siglos XIII-XIV.
Recorriendo la calle a la izquierda de la iglesia (Via Sant’Ippolito) y subiendo la escalinata que se encuentra enfrente, se llega a la cima de una colina, donde se alza la Pieve dei Santi Ippolito e Biagio, edificada en 1195 en ladrillo y con motivos de cerámica en la fachada; en las proximidades se encuentran también los restos del primer anillo de murallas con dos torres.

Itinerario naturalistico-ambiental que permite sumergirse en el típico paisaje colinoso característico de Valdelsa. A lo largo del recorrido se encuentran antiguas casas de labor, los restos del Castello dei Signori di Quercecchio y curiosidades naturales como la centenaria encina de Monte Ravoli. La alternancia entre cultivos, pequeños bosques de encinas, olivos y viñedos son los elementos característicos del campo de este itinerario.
Itinerario histórico-naturalistico que permite admirar elementos de valor como la antigua Pieve di Sant’Ippolito a Elsa, llamada Pieve Vecchia, el Castello di Cabbiavoli, donde la tradición sostiene que fue hospedado Federico Barbarossa, y la Villa di Montorsoli, que fue también convento de Bartolomeo Arrighi.
El recorrido permite alcanzar también el Castello di Oliveto, fortificación almenada y torreada mandada construir por Puccio Pucci en 1424.
La Vía Francígena que desde Canterbury llevaba a Roma es uno de los antiguos recorridos medievales, una vía maestra transitada en el pasado por miles de peregrinos en viaje a Roma. Desempeñó un papel fundamental en la construcción de la identidad europea relacionando entre sí religiones, culturas, costumbres, lenguajes y economías locales, contribuyendo así a las integraciones entre los pueblos del viejo continente.
Fue sobre todo a principios del segundo milenio que Europa fue recorrida por una multitud de peregrinos en busca de la purificación del espíritu. Esta vía atestigua efectivamente la importancia de la peregrinación en época medieval: debía realizarse principalmente a pie (por razones penitenciales) con un recorrido de 20-25 km diarios y llevaba consigo un aspecto fundamental de devoción: la peregrinación a los Lugares Santos de la religión cristiana. El peregrino además no viajaba aislado sino en grupo y llevaba las insignias del peregrinaje.
Hay que señalar que estas vías de peregrinación eran al mismo tiempo vías de intensos intercambios y comercios y que las mismas eran recorridas por los ejércitos en sus desplazamientos. Precisamente por nuestro territorio pasaba la Vía Francígena que llevó al nacimiento y desarrollo de muchas localidades de Valdelsa.
Castelfiorentino se encuentra en el territorio del Circondario Empolese-Valdelsa, situado entre el medio Valle del Arno y la parte septentrional del Valle del Elsa.
En la Edad Media esta zona era un «territorio de paso», dentro del cual el pueblo surgió en las proximidades del cruce de la Vía Francígena con la Vía Volterrana, convirtiéndose en el lugar de tránsito de peregrinos y viajeros que desde el Norte de Europa iban a Roma.
El primer núcleo, el Castelvecchio, fue edificado sobre las bases de un antiguo asentamiento de origen romano, llamado Timignano.
Feudo de los Cadolingi y luego de los Condes Alberti, en el siglo XII fue adquirido por el Obispo de Florencia y sufrió las vicisitudes de los conflictos entre la Iglesia e Imperio y entre Siena y Florencia, de la cual era avanzada importante. Precisamente por esto obtuvo la sede del Podestá, el privilegio del Lirio rojo en el gonfanón blanco y la integración del nombre, que a partir de 1149 se convirtió en Castelfiorentino.
En 1260, tras la batalla de Monteaperti, en Castelfiorentino se firmó la paz entre Siena y Florencia.
El pueblo ha tenido, desde el siglo XII, una gran relevancia desde el punto de vista político, económico y artístico, en virtud de su ubicación en la frontera entre Florencia, Pisa y Siena, ciudades que durante siglos dominaron el arte en todas sus formas expresivas. Este factor influyó fuertemente en los gustos y encargos castellanos y contribuyó a la formación de un patrimonio artístico que se configura como un verdadero «unicum» cultural.
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