Montelupo Fiorentino

Montelupo Fiorentino, como sugiere su propio nombre, se encuentra ubicada a pocos kilómetros de Florencia y por su historia particular es un lugar que encarna muchas de las características típicas de la "toscaneidad".
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Montelupo Fiorentino, como sugiere su propio nombre, se encuentra ubicada a pocos kilómetros de Florencia y por su particular historia es un lugar que encarna muchos de los rasgos típicos de la «toscanidad»: el amor por el arte, la artesanía de calidad, el espíritu emprendedor de las familias, pero también los paisajes evocadores, la pasión por la buena mesa y un innato espíritu de hospitalidad.

Qué ver en Montelupo Fiorentino

La fortaleza y la antigua iglesia de San Giovanni

En 1203-4 la República florentina decidió construir una fortificación en el relieve que domina la confluencia del Arno y el Pesa.
Esta fortaleza fue el primer núcleo a partir del cual se desarrolló el pueblo de Montelupo. En 1270 en el área de la Fortaleza se edificó la iglesia de San Giovanni Evangelista, patrón del pueblo. A este primer edificio se le añadió, antes del siglo XVI, otro de mayor altura y provisto de dos capillas laterales que funcionan como un breve crucero.
En la sacristía creada en el interior de la torre quedan los frescos firmados por el pintor florentino Corso di Buono (Cristo entre los Querubines y el milagro de San Giovanni Evangelista), mientras que en la entrada se notan dos pequeños templos góticos con frescos de Piero di Chellino (Historias de San Nicolás) superpuestos a una decoración mural anterior (coordinada con la de Corso).

La iglesia perdió luego su rol de parroquial y hoy es raramente oficiada.
El ascenso a la Fortaleza, que se realiza desde el pueblo de Montelupo por una empinada callejuela, bien vale la pena: desde la cima se domina el valle entero y, al atardecer, se recorta al oeste el perfil dentado de los Alpes Apuanos. El área ha sido objeto también de algunas campañas de excavación arqueológica, que han sacado a la luz materiales de época medieval.

La Villa dell’Ambrogiana

La Villa Medicea dell’Ambrogiana, junto a la confluencia del río Pesa con el Arno, fue comprada por los Medici en la segunda mitad del siglo XVI, y se convirtió luego en la residencia preferida del Gran Duque Cosimo III a finales del siglo XVII.
La estructura es cuadrangular, con amplio patio, cuatro torres en las esquinas y cuatro puertas de acceso.
Notables eran los jardines que originalmente se extendían hasta las aguas del Arno, y en sus proximidades fue excavada una gruta artificial con juegos de agua.
En las primeras décadas del siglo XIX, la Ambrogiana fue objeto de nuevas intervenciones que afectaron la disposición de los accesos y luego, en 1854, el complejo entero fue adaptado para maniconio. Posteriormente la Ambrogiana albergó una cárcel femenina y para menores, y finalmente el Hospital Psiquiátrico Judicial (1888), que actualmente ocupa el complejo.
En ciertos períodos del año se organizan visitas guiadas, durante las cuales se pueden admirar algunas salas, el claustro, la capilla y el majestuoso jardín.

El museo de la cerámica

El nuevo Museo de la Cerámica dispone de una superficie cubierta de 2.100 metros cuadrados y otra al aire libre de 400, además de una amplia hall de entrada con cafetería y tienda de libros.
El recorrido expositivo se distribuye en tres plantas.
En la primera sala de la planta baja está contenida una reconstrucción evocativa del llamado «pozo de los lavaderos», con el recorrido ideal de la historia de la cerámica de Montelupo marcado por grandes reconstructuras gráficas, mientras que desde la sala siguiente, según un ordenamiento cronológico y tipológico, comienzan las colecciones del Museo de la Cerámica.

En las salas restantes de la planta baja se encuentran las mayólicas datables desde finales del siglo XIII hasta mediados del siglo XV, con la reconstrucción a escala natural de una mesa medieval, mientras que en la planta superior comienza el recorrido renacentista: una amplia ejemplificación de los clásicos decorados del período.
La gran época del primer período renacentista se cierra finalmente en las últimas salas de la primera planta con la decoración a grutescos, representada por la bandeja llamada «el rojo de Montelupo», una de las obras maestras de la mayólica renacentista italiana.

La Cerámica de Montelupo

La producción de mayólica arcaica en Montelupo se remonta a la segunda mitad del siglo XIII, pero es a inicios del 1400 cuando las actividades cerámicas reciben un fuerte impulso por la conquista de Pisa (1406), que finalmente abre a Florencia el camino al mar. Ubicándose justamente en el tramo navegable del río Arno, los hornos de Montelupo pueden conectarse con los puertos de embarque marítimo (Pisa y posteriormente Livorno), y su desarrollo productivo, tecnológico y artístico atrae los capitales de las nobles y ricas familias florentinas.

La época dorada de Montelupo puede situarse entre el 1450 y el 1530 aproximadamente. En este período se desarrollan y elaboran los decorados del Renacimiento y la mayólica de Montelupo alcanza su máxima expansión comercial, difundiéndose tanto en la cuenca del Mediterráneo como a lo largo de las rutas comerciales atlánticas.
Desde la segunda mitad del siglo XVI en adelante la producción cerámica montelupina comienza a sufrir los efectos de la crisis económica general y las empresas cerámicas locales se ven obligadas a cambiar la tipología y tecnología de las elaboraciones. Después de 1630, año de la gran peste, el número de ceramistas se reduce considerablemente y, en la segunda mitad del siglo XVII, la producción disminuye drásticamente, hasta la desaparición de los hornos que se dedicaban a las producciones más refinadas, dejando en funcionamiento solo los de la cerámica de cocina y las terracottas.

Entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, a partir de la gran fábrica Fanciullacci, renace la producción de mayólica de Montelupo.
Hoy Montelupo Fiorentino es uno de los mayores polos cerámicos italianos, con la producción de materias primas y de mayólica artística para la exportación.

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De Leonardo a Pontormo

Si Montelupo ha dado nacimiento, entre otros, al escultor Baccio Snibaldi (alumno y amigo de Miguel Ángel), basta recorrer pocos kilómetros para llegar a Vinci, lugar de nacimiento de Leonardo, o Pontorme, tierra del pintor Jacopo Carrucci, conocido precisamente como «Il Pontormo».
Le recomendamos, para empezar, subir al castillo de Capraia, que se alza frente al de Montelupo desde hace al menos 800 años. Luego visitará Vinci, con su elegante centro histórico, dominado por el castillo.
Una siguiente etapa puede ser Cerreto Guidi, y su Villa Medicea, para descender después hacia San Miniato, construida a lo largo de la cresta de una colina que domina la llanura del Arno, y rica en interesantes monumentos.
La cercana Empoli conserva parte del centro histórico con su valiosa Colegiata. Subiendo hacia el Chianti podrá en cambio llegar rápidamente a Montespertoli, antiguo centro en la cima de una colina que domina la espléndida campiña.
Pero, ya se lo imagina, la Toscana central es rica en lugares de gran encanto y en paisajes encantadores, y sin duda conseguirá descubrirlos también usted.

Itinerarios a pie

Descubriendo el Arno

El recorrido comienza en la histórica avenida Umberto I, sombreada por plátanos que se abre al Parque dell’Ambrogiana, alrededor de la villa medicea. Siguiendo el terraplén del dique del Arno, sobrepasando la Torre dei Frescobaldi, nos encaminamos hacia el único tramo del río de cierta amplitud. La campiña se extiende, en la orilla izquierda, en una amplia llanura marcada por campos cultivados y manchas de vegetación típicamente fluvial donde encuentran refugio cormoranes, garzas, martines pescadores, gansos y patos.

Continuando el paseo a lo largo del Arno, a nuestra izquierda podemos divisar el pueblo de Fibbiana, que sirve de fondo a la imponente Villa Mannelli, residencia con fachada dieciochesca. Apenas sobrepasadas las últimas viviendas de Fibbiana, se abre la gran llanura de Arno Vecchio, cuyo nombre proviene de una antigua curva del Arno. En la llanura se alternan huertos de frutas, viñedos y parcelas de cultivo cerealícola, y además se caracteriza por algunos lagos artificiales, donde anidan algunas especies de aves. Llegados a la localidad Tinaia podrá proseguir hacia Fibbiana, sumergiéndose en un paisaje rural de otros tiempos, donde la campiña se ve interrumpida solo por algunas casas de labor con la típica fisonomía toscana.

Duración: 3 horas – apto para todos

Entre los bosques de San Vito

Dejando atrás Montelupo y siguiendo la carretera que rodea, a la base de la colina, el tramo final del río Pesa, llegará a la iglesia de los SS. Hipólito y Casiano, visitable solo desde el exterior. Poco distante de la iglesia, a la izquierda, encontrará via di Bracciatica, que subiendo hacia la localidad Malmantile corta la campiña circundante.

Merecedores de atención son los restos de las murallas de Malmantile, pequeño pueblo medieval, la iglesia de S. Pietro in Selva y poco distante el Eremitorio de Lecceto. Pasado el pueblo, a lo largo de via S. Vito llegará a la propiedad de S. Vito in Fiore di Selva donde podrá degustar y comprar los productos típicos.
Descendiendo hacia Camaioni se abrirá ante sus ojos un fantástico panorama que se asoma al valle del Arno y, en medio del verde de los bosques encontrará una pequeña y sugerente iglesia medieval, S. Michele a Luciano.
El regreso se realiza tocando la fracción de Samminiatello.

Duración: una jornada – apto para todos

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