
El Valdarno Superior es una amplia cuenca natural, cerrada al Noreste por el macizo del Pratomagno y delimitada al Suroeste por los modestos Montes del Chianti. El Arno entra en ella a través de la «valle del Infierno», una larga garganta hoy ocupada por dos embalses artificiales contiguos, y sale por la «angostura de Incisa». El valle del Valdarno se divide entre las provincias de Arezzo y Florencia. La sección aretina se amplía hasta incluir el ondulado territorio surcado por el Ambra, afluente de la izquierda del mayor río toscano.
El Valdarno Superior presenta múltiples paisajes: alpestre y solitario en las altas pendientes del Pratomagno; accidentado por pintorescos fenómenos de erosión arcillosa al pie de la misma dorsal; netamente caracterizado por la obra del hombre en la parte central, atravesada por las mayores vías de comunicación del país (Autovía del Sol, Línea directa Roma-Florencia); típico de la colina toscana hacia el sur, hacia la Valdambra y la zona senesa.
Tierra singular y pintoresca es la del Valle del Arno a partir del punto en que, cerca de Arezzo, el río invierte su curso dirigiéndose hacia el norte. Emergida en la edad prehistórica por el fluir natural de las aguas de un lago que invadía la cuenca aún a finales de la era terciaria, es toda una secuencia de suaves declives tormentados por innumerables escarpes erosionados a pico por las aguas pluviales. Aquí todo es color: las manchas pardas de los pinos en la cima de los barrancos, las encinas oscuras acuclilladas al fondo de las gargantas, las paredes de arcilla amarillenta abiertas como heridas insanables, la plata eterna de los olivos y el verde de las viñas que se tiñe de púrpura cada año al caer la buena estación. Por todo el valle, a distancia de una hora de camino uno del otro, se alzan los campanarios de los pueblos y las torres de antiguos burgos, iglesias y castillos, algunos de los cuales tienen nombres que suenan a etrusco, como Loro Ciuffenna, Gropina y Cennina.

Por su opulencia, el Valdarno fue objeto y teatro de sangrientas contiendas entre las dos ciudades que, a finales de la Edad Media, aspiraban al predominio en Toscana:
la güelfa Florencia y la gibelina Arezzo.
A finales del siglo XIII, para contrarrestar la presión militar que se veían obligadas a soportar por parte de los belicosos obispos aretinos que disponían en Valdarno de poderosos y bien fortificados castillos como Cennina, Castiglione degli Ubertini y Laterina, los florentinos construyeron tres «tierras amuralladas», es decir, tres pueblos fortificados: San Giovanni, Terranuova y Castelfranco.
Tras la muerte del obispo Guido Tarlati, acaecida en 1327, la República de Arezzo sufrió un declive lento pero imparable, hasta que en 1384 dejó de existir y su territorio fue anexionado a la República Florentina. Cesadas así las contiendas, los límites jurisdiccionales del departamento aretino quedaron fijados en el Valdarno según una línea que incluía también las tres ciudades amuralladas construidas por los florentinos un siglo antes.
Tres carreteras desde Arezzo conducen al Valdarno recorriéndolo en toda su extensión y llegando a Florencia:
la Autovía del Sol, la SR 69 que sigue el curso del Arno, y la carretera de los SietePuentes, trazada ya en época etrusca, que se desarrolla por las pendientes del Pratomagno dominando el valle desde la presumible línea de costa del lago desaparecido.
Aunque mantiene una tradición agrícola orientada a la producción de vinos y aceites de oliva de gran calidad, el Valdarno debe considerarse una de las áreas de mayor y más antigua industrialización de la provincia de Arezzo. El proceso de desarrollo industrial, concentrado en zonas bien delimitadas, ha dejado intacto el encanto paisajístico y el patrimonio artístico del territorio valdarnés.
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