
El museo se distribuye en los tres apartamentos de la hermosa Villa Mimbelli y alberga ciento treinta y seis obras de pintores que caracterizaron el arte italiano entre los siglos XIX y XX. En la planta baja se exponen los lienzos de Enrico Pollastrini (Livorno 1817-1876) de temática religiosa e histórica. En el segundo apartamento se abre el verdadero recorrido museístico. En tres grandes salas se pueden admirar grandes lienzos de Giovanni Fattori (Livorno 1825 Florencia 1908). En espacios expositivos de notable amplitud se encuentran cuadros de gran relevancia como «Carga de Caballería en Montebello» (1862), «Asalto a Madonna della Scoperta» (1868); «Rebaños de la Maremma» (1893). Igualmente reconocidos son los cuadros «Retrato de la tercera esposa» (1905), «Día gris» (1893), «Paseo marítimo de Antignano» (1894). «La señora Martelli en Castiglioncello» (1867). El recorrido continúa llevándote a salas dedicadas a Telemaco Signorini, Vincenzo Cabianca, Giovanni Boldini, Serafino De Tivoli, Silvestro Lega, Adolfo Tommasi, Angelo Tommasi, Ludovico Tommasi. Muy interesantes las salas dedicadas a la pintura «naturalista» y al retrato con obras de Cesare Bartolena, Michele Gordigiani, Vittorio Corcos y Leonetto Cappiello.
En el primer apartamento se reúnen obras de postmacchiaiolos como Plinio Nomellini, Ulivi Liegi, la escuela del Micheli, Mario Puccini, Giovanni Bartolena, Raffaello Gambogi, Leonetto Cappiello. Una pequeña incursión en el divisonismo se realiza con obras de Benvenuto Benvenuti y Vittorio Grubicy De Dragon. También forman parte del patrimonio museístico algunas obras de gran valor pero aún no expuestas, a la espera de una sede adecuada. Entre estas: «Cabeza de Cristo», atribuida al Beato Angélico y procedente de la iglesia de Santa Maria del Soccorso, «Madonna con el Niño» de Álvaro Pírez, «Madonna con el Niño» atribuida a Sandro Botticelli, «Madonna» de escuela bizantina del siglo XV; «Madonna con el Niño» de Cima da Conegliano, «Deposición» de Carlo Cignani, «Crucifixión» de Neri di Bicci, «Madonna dantesca» del Maestro de la Natividad de Castello, «Batalla del Borgoñés» de Jacques Coutois. El museo organiza importantes exposiciones temporales: Entre las exposiciones realizadas hasta ahora: en 1996 la de los «postmacchiaiolos», en 1997 la dedicada a Vittorio Corcos y la titulada «Cezanne, Fattori y el siglo XX en Italia». En 1998 una magnífica antológica de Plinio Nomellini y otras más.
La obra de Fattori, figura central del siglo XIX europeo en su aliento épico cadenciado según los ritmos cotidianos. La interrelación compleja de las muchas expresiones técnicas caracteriza profundamente la experiencia artística de Fattori, tal como se evidencia en los estudios más exhaustivos sobre el Artista, desde el apunte al dibujo, al boceto, al cuadro acabado y al grabado, en un proceso continuo de definiciones, remisiones y replanteamientos.
Su producción resulta impregnada de una copiosísima actividad gráfica constituida en gran parte por apuntes dibujados del natural; es él mismo quien nos lo comunica definiéndose: «observador escrupuloso de la naturaleza que desde joven estudié y siempre llevé conmigo un pequeño álbum de bolsillo para todo aquello que me impacta». Asimismo, la práctica del grabado, que marca buena parte del largo recorrido creativo de Fattori, se delinea en la complejidad de desarrollos temáticos estructurados sobre retomas y remisiones a dibujos y cuadros. Este procedimiento por oscilaciones transversales a lo largo de un amplio abanico técnico, presupone –para representar plenamente al Artista– una exploración en los diferentes lenguajes, desde las sintéticas tablitas abreviadas y absolutas en su concisión figurativa, hasta las admirables expresiones gráficas, más personales e íntimas, hasta los amplios lienzos militares firmes y potentes en las pausas o en la agitación de las batallas, épicos en las composiciones de vaqueros. El sentimiento de la figura es el hilo conductor que crea el recorrido expositivo articulado en tres momentos principales: el retrato o la figura insertada en el ambiente, comenzando por los retratos compuestos según encuadres tradicionales, de medio cuerpo, en los primeros años con la cerrada organización formal de impronta purista, luego más potentes y plásticos como el admirable Bersagliere o el Retrato de la tercera esposa, obra tardía pero de alta tensión formal que abre paso al siglo XX italiano, hasta las admirables «tablitas» entre las que La señora Martelli en Castiglioncello o el Retrato del Abogado Valerio Biondi, donde la concisión y el sentido plástico proponen extraordinarias y nuevas formas expresivas.
«El más aristocrático sentido de la elegancia preside la organización de los tonos, el paso de uno a otro, su armonización», escribe Soffici sobre la retratística de Fattori.