
La Villa Reale di Marlia se considera una de las más importantes residencias históricas de Italia. En el siglo XIX fue la residencia de Elisa Bonaparte Baciocchi, hermana de Napoleón y Princesa de Luca. A solo 8 km del centro histórico de Luca, la propiedad se extiende sobre una superficie de 16 hectáreas e incluye numerosos jardines refinados,
verdaderas raridades botánicas e imponentes palacios que ofrecen un abanico de sorprendentes puntos de interés
dentro del parque.
En 2015 comenzaron importantes obras de restauración llevadas a cabo por los nuevos propietarios, quienes se enamoraron del complejo y decidieron aceptar el desafío de devolver la Villa Reale di Marlia a su antiguo esplendor. La visita al parque regala la sorpresa de sumergirse en una multitud de senderos, avenidas y jardines en una combinación de belleza sugerente entre pasado y presente: asegúrese de disponer de al menos 1 o 2 horas para lograr descubrir cada rincón de la propiedad dentro de su secular muralla.
El complejo cuenta con varias estructuras que datan de diferentes épocas distribuidas por toda la propiedad: la majestuosa Villa Reale y el adyacente Palacete del Reloj dominan la parte alta del parque, mientras que en el centro se encuentra la Capilla de San Francisco Javier, patrón de los viajeros.
Desplazándose más hacia el sur se pueden admirar el ninfeo llamado Gruta de Pan y la más antigua de las arquitecturas, la Villa del Obispo.
Característica peculiar del parque es la multiplicidad de sus refinados jardines: siguiendo el itinerario se pueden admirar el Jardín a la italiana de la Villa del Obispo, en estilo hispanomusulmán el Jardín Español, el famoso Jardín de los Limones con más de 200 macetas de cítricos, para luego concluir con broche de oro el célebre Teatro de Verdura en el cual Paganini deleitaba a Elisa Baciocchi en las noches de verano.
Otra singularidad del parque es la sugerente y preponderante presencia del agua: la avenida de las Camelias está animada por un arroyo artificial que fluye hasta el Lago y poco más allá destaca con sus colores la Piscina de los años 20. En el Jardín de los Limones se abre en cambio el antiguo Estanque de peces desde el cual se vislumbra la fuente del teatro de Verdura. Para concluir estos juegos están los arquitectónicos estruendos del Teatro de Agua detrás de la Villa Reale.

Dos majestuosas filas de cipreses de casi un kilómetro de largo anuncian la teatral fachada de la Villa Torrigiani, el mejor ejemplo de arquitectura barroca en Toscana.
La Villa y el parque datan de principios del siglo XVI, propiedad de la entonces poderosa familia Buonvisi. Fue lugar de encuentros entre la Marquesa Lucrecia, esposa de Lelio Buonvisi, y su amante (Arnolfini) que parece fue capturado justamente frente a las puertas de Camigliano, acusado del asesinato del Marqués Lelio, ocurrido en la ciudad.
En la primera mitad del siglo XVII, la Villa de Camigliano fue adquirida por el Marqués Nicolao Santini, embajador de la República de Luca ante la corte de Luis XIV (Rey Sol), quien decidió transformarla en una residencia suntuosa, con un jardín de parterres floridos y grandes depósitos al frente en los cuales se refleja la fachada, realizados siguiendo los proyectos de Le Nôtre para el palacio de Versalles. Creó el Jardín-Teatro de Flora con grutas y juegos de agua aún funcionales y visibles en la Gruta de los Vientos. Un notable ejemplo de gruta de planta circular con mosaico de piedras rodeada de nichos con importantes estatuas de los vientos con fuentes en la base y rematada por una cúpula de la cual emerge la gran lluvia de agua.
El jardín «entra» en la Villa como decoración en los frescos de Pietro Scorzini perfectamente conservados (representando las estaciones en las habitaciones, escenas mitológicas en los salones y el emperador Aureliano en el salón principal) que actúan de marco al mobiliario original aún existente.
La Villa está de hecho aún habitada por la familia descendiente del Marqués Nicolao a través del matrimonio de la última heredera Vittoria Santini que se casó en 1816 con el Marqués Pietro Guadagni Torrigiani. Sus bustos están en la fachada y en la capilla (visitable) donde también están enterrados el Marqués Carlo Luca y su hija la Marquesa Simonetta Torrigiani que se casó (1937) con el Príncipe de Stigliano Don Carlo Colonna, de quienes desciende la actual familia.
El parque ha asumido desde el siglo XIX, en la parte frontal y trasera de la Villa, un aspecto más romántico con la inserción de especies provenientes de varias partes del mundo, aún siendo hoy hermosos ejemplares de: Liriodendron Tulipifera, Taxodium districtum, Osmanthus fragrans, Cedro del Atlas y muchas variedades de Camelia.
Lodovico Buonvisi hizo construir la Villa, hoy Oliva, alrededor de 1500 y encargó el proyecto a Matteo Civitali. Esta villa se presenta con dos salones superpuestos en la parte central, de norte a sur y con el característico pórtico abierto en dos apartamentos, cuyas columnas en un único bloque son de piedra de Matraia.
Después de los Buonvisi, una familia que se extinguió a principios del siglo XIX, la Villa tuvo varios propietarios: los Montecatini, los Poniatowski (el príncipe Carlo está enterrado en la capilla), los Rosselmini Gualandi, el cardenal Maffi (de quien pasó al Piccolo Cottolengo), los Paolozzi.
De estos, finalmente, la propiedad fue adquirida por la familia Oliva que realizó importantes trabajos de reestructuración.
En 1600, la villa acogió un Consistorio promovido por el Cardenal Francesco Buonvisi, en presencia del Papa Alejandro VII Chigi della Rovere y de numerosos cardenales.
En el Parque de la Villa, completamente cercado, y cuya superficie es de aproximadamente 5 hectáreas, la parte norte se caracteriza, además del anfiteatro de encinas, por un «grotesco» con juegos de agua y estatuas de mármol. Al sur el parque se desarrolla en tres niveles: en el central una avenida de cipreses conduce directamente a la puerta de entrada principal, artísticamente decorada con molduras y mascarones rústicos.
La pila llamada «de las pequeñas cascadas» con bajorrelieves y estatuas en terracota interrumpe a media la perspectiva de esta avenida. En el nivel más alto del Parque se encuentran pilas con surtidores, un bosquecillo de encinas, la limonera, y grandes prados enmarcados por árboles. El nivel bajo del Parque, hoy muestra una plantación de eucaliptos con una galería de carpes paralela a la avenida principal.
El parque es rico en muchas y raras especies como la planta denominada Ginkgo Biloba, el alcanfor, la olea fragrans, la felloia y muchas otras. Además de la fuente mencionada, notables son las «de la Sirena» y «de la Abundancia». Un «grotesco» con nuevos juegos de agua enfrenta el pórtico de la villa, y detrás de él se encuentra un abetal. Dos puertas de acceso además de la principal se caracterizan por algunas estatuas de perros. De notable interés arquitectónico es el complejo de las cuadras de los Buonvisi.
Entre las muchas villas de la Lucchesia, Villa Mansi es ciertamente una de las más representativas de la cultura y la sociedad de la antigua República Aristocrática. Los Mansi pertenecieron a una familia muy conocida en Europa en el campo del comercio de la seda ya desde antes del siglo XVI cuando operaba en estrecho contacto con otras familias patricias lucchesas como los Buonvisi, los Antelminelli y los Cenami. De esta última familia los Mansi compraron en el siglo XVII la Villa de Segromigno.
El edificio original, construido en la segunda mitad del siglo XVI, fue en gran parte transformado en los años 1634-1635 por el arquitecto urbinate Muzio Oddi. Bajo los Mansi sufrió luego una reestructuración de la fachada por parte del arquitecto lucchés Giusti y la transformación del jardín según proyecto de Filippo Juvarra a quien se deben las obras de cierre, la disposición hidráulica y la tripartición del jardín mismo. El corte en trapecio del jardín este y del sector de las cuadras sirvió a Juvarra para estructurar los otros dos sectores de la clausura, el gran ambiente de prado alrededor y frente al palacio y el ambiente jardín al oeste.
Todo fue así distribuido en cuatro sectores principales adyacentes, perspectivamente autónomos, alternadamente invertidos y aproximadamente en trapecio alargado. Entre los numerosos frescos que decoran el interior de la Villa, los del salón central son ciertamente los más interesantes gracias a la obra del pintor neoclásico Stefano Tofanelli, muy apreciado por Elisa Baciocchi, princesa de Luca y hermana de Napoleón Bonaparte. Tales cuadros consisten en los dos grandes lienzos laterales que relatan las hazañas de Apolo (Juicio de Midas y Muerte de Marsias) y en el fresco del techo representando «El Triunfo del Dios Sol».
Villa Mansi famosa por las gracias de sus jardines y la elegancia de sus líneas arquitectónicas, hospedó frecuentemente soberanos y embajadores provenientes de los más diversos estados europeos, aquí invitados por la República de Luca para una agradable estancia.
Villa Grabau en San Pancracio fue edificada en el siglo XVI, sobre las ruinas de un pueblo medieval, por la familia de los potentes mercaderes luccheses Diodati. En los siglos posteriores la villa pasó a los Condes Orsetti y, como resultado de un matrimonio, a los Marqueses Cittadella. Los varios propietarios transformaron con el tiempo sus características originales góticas en las renacentistas primero y finalmente en el actual aspecto neoclásico.
En 1868 la villa fue cedida por los Cittadella a Rodolfo Schwartze, rico banquero alemán residente en Livorno, casado con Carolina Grabau, de nobles orígenes alemanes.
El parque de nueve hectáreas, entre los más interesantes de la Lucchesia, tanto por la forma como por la riqueza y rareza de las especies vegetales, se compone de varios jardines arquitectónicos.
El «Jardín a la inglesa» ya en el siglo XVI estaba ciertamente formado por especies autóctonas que forman aún amplios bosquecillos donde se pueden admirar ejemplares de notables dimensiones de robles, encinas, carpes, tilos, arces campestres y la lentagüe, plantas típicas del jardín espontáneo. Entre las varias especies merece mención la Michelia figo, conocida como arbusto del plátano y la Quercus x Andleyensis, híbrido estéril creado por el hombre y encontrado en Lucchesia solo en este parque.
El «Jardín a la italiana», con el bello paisaje colineal de fondo, se presenta como un jardín aterrazado semioval, animado por el desarrollo perspectivo de los altos setos, que forman como un biombo en ondas convexas intercaladas por estatuas femeninas en mármol statuario representando a Ceres, Venus, Pomona, etc. Incluye más de cien macetas de limones en terracota, con los escudos de los antiguos patrones impresos, que son guardadas durante el invierno en la majestuosa limonera, una estructura de notable valor arquitectónico que data del siglo XVII-XVIII, ciertamente entre las más importantes y bellas de la Lucchesia.
El «Teatro de Verdura», gracioso y elegante escenario en boj para conciertos y representaciones estivales. Sobre las dos fuentes centrales en el Jardín a la italiana, lucen magnificas dos máscaras en bronce en forma de cabeza de Sátiro, fechadas en el período del manierismo tardío florentino y atribuidas a Pietro Tacca (1577-1640).
Del mismo período, la gran estatua grotesca en piedra representando una tortuga que sostiene un dragón con cabeza humana y mascarón al dorso de cuya boca sale una cola.
Villa Bernardini, apreciable ejemplo de arquitectura tardorrenacentista edificada por Bernardino Bernardini, fue terminada en 1615 como lo atestigua la inscripción en el friso de piedra que adorna el arquitrabe del portal de acceso «BERNARDINUS BERNARDINIUS A.D. MDCXV».
Insertada en el centro del parque, es del tipo de bloque cúbico con pórtico frontal de tres arcos, en dos apartamentos más buhardilla y semisótano. Siempre permaneció en el patrimonio familiar, sufriendo solo pequeñas modificaciones, únicamente al interior, en la primera mitad del siglo XVIII con ocasión del matrimonio de Francesco Bernardini con Marianna Parensi.
Los varios ambientes (salones, salas, salitas, habitaciones) están completamente amueblados con muebles y enseres estratificados en los siglos (1600 – 1700 – 1800), muchísimos comisionados por los Bernardini (sillones, sillones de brazos, consolas) que portan esculpida o pintada el escudo de la familia que los hacen particularmente interesantes para los estudiosos y para los aficionados.
El amplio prado anterior de forma de corazón, ligeramente inclinado hacia la puerta, aún conserva las dos secuoyas que datan de mediados del siglo XIX que lo dominan enmarcándolo. En el resto del jardín anterior y en proximidad de la villa están en cambio presentes grupos de plantas y arbustos inusuales e interesantes.
Lateralmente, a la derecha se accede al amplio jardín, antiguo huerto cerrado que a mediados del siglo XVIII fue transformado en jardín secreto. De aquí se accede a la amplia limonera cuyo interior está enriquecido por plantas centenarias de Ficus repens que tapisan las paredes de la misma y por una gran pila de mármol de Carrara estilo imperio situada frente a la entrada.
La parte más importante del parque es la trasera constituida por un notable teatro de verdura en Buxus sempervirens plantado a mediados del siglo XVIII excavando el terreno. El proyecto de atribución incierta es testimoniado por el modelo del teatro presente en la Villa sobre el cual se lee «T. e Petri (…) fecit». La cavea de perfil mistilíneo puede albergar más de 650 asientos: la estructura está formada por dos dobles órdenes de paredes de boj, que delimitan una amplia pendiente y que están puntualizados por figuras esculturales esféricas obtenidas con el modelado del verde que identifican los nodos de referencia acústica y visual.