
Fosdinovo sigue dominando hoy en día con su intacta mole del siglo XIV, desde sus 550 metros de altitud, gran parte de la costa Tirrenia que se extiende a apenas una decena de kilómetros, y del valle del Magra que se abre a sus espaldas. La posición era ideal para controlar la salida al mar de la Lunigiana y sus caminos y pasos de los Apeninos, entre los más transitados de la Edad Media.
El origen de este nombre es controvertido: quien lo hace derivar de la zanja excavada para defender las murallas por el lado hacia el mar, quien lo refiere al paso (la desembocadura) que desde Fosdinovo se abre hacia la Lunigiana interior y hacia los Apeninos.
Hasta el siglo XIII la entidad más importante de esta Consortería llevaba los nombres de los Erberia y de los Obispos de Luni, pero hacia finales de siglo entraron a formar parte los Malaspina, que posteriormente adquieren cada vez mayor importancia, hasta que en 1340, uno de ellos, Spinetta, permanece como único propietario de Fosdinovo.
A él se debe la construcción de la mayor parte del castillo que, conectado con las murallas del pueblo, se convierte en el centro político y militar de los feudos de los Malaspina.
Los Malaspina del Spino Secco (rama principal) fueron gibelinos y tuvieron en general sus castillos en la orilla derecha del río Magra (Mulazzo, Tresana, Podenzana, Villafranca, etc.); mientras que los del Spino Fiorito (rama cadete) los tuvieron en la izquierda (Filattiera, Bagnone, Olivola, Fosdinovo, Massa, etc.).
El poder malaspiniano duró hasta 1800, y durante este período dio vida a un estado señorial que se distinguía en el mundo por los numerosos hombres ilustres de la dinastía. Después de varias sucesiones de los Este de 1815 a 1848, Fosdinovo solicita, en 1848, la anexión al gobierno de Toscana, pero en 1849 Francesco VI d’Este recupera la posesión con nada menos que 27.000 austriacos. Solo después de los movimientos populares de 1859 Francesco VI abandona Italia y Fosdinovo en 1861 se incorpora a la provincia de Massa Carrara y a la Región de Toscana.
Fosdinovo sufrió mucho durante la guerra 1940-45: sometido al bombardeo de la artillería aliada para romper la Línea Gótica, sufrió daños considerables. La intervención de un joven fosdinovés (Bonotti Ivaldo) que llegó a la línea de las tropas aliadas e las informó de la escasa consistencia de las fuerzas alemanas, evitó que el pueblo quedara aún más devastado.
La posición en la colina, el clima templado, la vegetación exuberante y sombreada permiten a los veraneantes pasar lejos del calor de la ciudad el período estival.
Largos paseos por los bosques, que rodean el pueblo, dan la posibilidad de agradables comidas campestres o en los numerosos restaurantes, frecuentes en las fracciones cercanas y también en las carreteras estatales y provinciales.
En estos últimos años el pueblo, precisamente por su tranquilidad y clima, se ha impuesto como lugar de retiro para equipos de fútbol, también por la buena infraestructura hotelera capaz de satisfacer a las sociedades más exigentes.
Los señores más antiguos de Fosdinovo debían poseer solo casas-fuertes para cada familia con una torre de defensa común situada quizá en el mismo lugar donde después se levantó el castillo.
Por lo tanto, el origen de la construcción actual no puede datarse con precisión: seguramente existía como obra de defensa ya antes de 1200 y con igual certeza a Spinetta Malaspina el Grande y a su nieto Galeotto debe atribuirse la construcción de la parte más notable del castillo.
Es una construcción majestuosa y compleja. Tiene una base aproximadamente cuadrangular con patio central. En las esquinas se elevan cuatro torres unidas entre sí, en la parte más antigua, por caminos de ronda y almenas.
El material de construcción es ladrillo mezclado con bloques de piedra y piedras muy duras llamadas «sassi rospari».
Seguramente estaba dotado antiguamente también de un puente levadizo delante de la actual puerta de entrada, junto a la cual se puede ver la aspillera del puesto de guardia.
Sobre la puerta hay un bajorrelieve de mármol que representa un perro sentado sobre las patas traseras y que sostiene el Spino Fiorito en la boca: los emblemas de Spinetta Malaspina y de Cangrande della Scala, unidos por parentesco y amistad.
El interior del castillo, cuya parte más antigua es la «Plazoleta de los cañones», inmediatamente después del portón, presenta muchas cosas relevantes y curiosas que es aquí innecesario enumerar y describir puesto que lo hará la misma guía del castillo. Nos limitaremos a recomendar prestar atención a los numerosos frescos (todos, excepto el colocado en la hornacina de la habitación de Dante —que representa un Ecce Homo con uno de los Malaspina que parte para las Cruzadas—, ejecutados en 1882 por el florentino Gaetano Bianchi, retomando el estilo del siglo XV), a los apreciables muebles antiguos, a la sala circular del «trabocchetto» en la torre del sur, cuyo pavimento se abría antaño a un trabocchetto, precisamente, y que ofrece un sugestivo efecto acústico.
Y también atención a la espléndida estructura interna del castillo, a su majestuosidad subrayada por un panorama que no le va a la zaga y que se despliega ante los ojos del visitante que sube por el camino de ronda de la fortaleza, entre los almenas gibelinos.
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