
El municipio de Casciana Terme se encuentra en la provincia de Pisa y tiene una población de aproximadamente 3000 habitantes. En su territorio se alzan numerosos edificios de interés arquitectónico, como la iglesia de Santa María Asunta, pero la ciudad es famosa sobre todo por sus aguas termales.
Alrededor del siglo IV ya existe un poblado llamado «Castrum ad Aquis», lo que sugiere que las grandes propiedades de sus aguas termales eran ya conocidas desde los siglos más remotos de la Edad Media, o incluso antes. Hasta el siglo XII el territorio forma parte de las posesiones del conde Ugone. Posteriormente es regalado a la iglesia de Morrona y a los frailes Camaldulenses, hasta que estos, a su vez, lo donan al Arzobispado de Pisa en 1135.
Desde el siglo XIV el poblado debe enfrentarse a la guerra entre pisanos y florentinos, que lo asaltan e incendian en 1362. En 1515, finalmente, Casciana pasa a formar parte de la República Florentina, en la época de expansión del Gran Ducado hacia las actuales provincias de Siena y Pisa. Durante la época de los grandes duques Casciana se integra en la Vicaría de Peccioli y posteriormente en la de Lari, en 1776. A partir de entonces comienza el auge turístico del pueblo, que atrae a las familias nobles y adineradas de toda Italia gracias a sus Termas y al florecimiento de la actividad hotelera. De particular importancia se considera la construcción del Gran Hotel de las Termas, inaugurado en 1912. En 1927 Casciana Terme adquiere definitivamente el estatus de municipio autónomo.
El desarrollo de la actividad termal se debe sobre todo a Matilde de Canossa, a cuyo nombre está dedicado uno de los dos manantiales. La condesa se hizo célebre por haber alojado el histórico encuentro entre el Papa Gregorio VI y Enrique IV, durante el cual el emperador se humilló arrodillándose a los pies del pontífice. Según la leyenda, la noble poseía un mirlo que, gravemente enfermo, se recuperó de sus dolencias al sumergirse en las aguas calientes de los manantiales termales que brotaban a poca distancia de la casa de la condesa. Fue entonces cuando la mujer descubrió sus propiedades y las hizo restaurar.
En realidad las termas, probablemente ya conocidas por los romanos, son conocidas también antes del siglo XII. Los primeros establecimientos fueron mandados construir por Federico de Montefeltro en 1311 y tanto los Medici como los Lorena realizaron trabajos de restauración y mejora. Todavía en 1870 el arquitecto Poggi, el célebre realizador de la Piazzale Michelangelo en Florencia, trabaja en nuevos proyectos de modernización de la estructura. Las termas están constituidas hoy por dos manantiales. El llamado «Mathelda», reconocido por los expertos como uno de los mejores de la península por sus cualidades terapéuticas, brota a una temperatura de 36°C. El otro, llamado de «San Leopoldo» es utilizado en cambio para terapias hidroponínicas.
Aunque muchos estudiosos afirmen que las aguas termales de Casciana eran ya conocidas por los romanos, la construcción documentada del primer establecimiento termal fue obra de Federico da Montefeltro, Señor de Pisa en 1311.
En 1460, después de casi dos siglos, fue restaurado por primera vez por los «Magníficos Señores Florentinos» que por orden del Gran Duque de Toscana Leopoldo I, que visitó en dos ocasiones las Termas, realizaron en 1596 ulteriores mejoras.
En 1824 por orden de Fernando III de Lorena Gran Duque de Toscana se realizaron mejoras sustanciales, entre las cosas más importantes se construyó una nueva fachada de las Termas, se mejoraron las salitas de baño y se introdujo el uso de estufas para secar la ropa.
Se llega así a 1870 con el nuevo proyecto encomendado al arquitecto Poggi, conocido y famoso por haber realizado la Piazzale Michelangelo en Florencia, cuando las Termas inician su período de mayor éxito, se introducen cambios notables, técnicos, funcionales y sobre todo arquitectónicos.
Casciana se convierte en una de las estaciones termales más renombradas de Italia, tanto que fue definida como «La perla termal de Italia». La valiosa estructura neoclásica y delicada de la fachada de las Termas ha mantenido hasta hoy los mismos caracteres originarios.
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