
El Castillo de Montecatini, llamado inicialmente Castrum Montis Leonis, fue construido por los Belforti hacia el 960 cuando llegaron desde Alemania al séquito del Emperador Otón I. Montecatini aparece mencionado por primera vez, sin embargo, en 1099, en una bula del Obispo Pietro de Volterra, quien tenía su jurisdicción civil.
En 1300 formaba parte de la Comunidad de Gabbreto, en 1351 pasó a ser posesión volterrana y en 1472 entró bajo el dominio florentino. Luego la historia se silencia hasta principios del 1700, cuando el destino de Montecatini se une al de tantos pueblos de la Italia medieval invadidos por ejércitos extranjeros.
Montecatini vivió un período notable de esplendor económico y social durante los primeros años del Reino de Italia con el desarrollo de las actividades mineras: basta pensar que en el pueblo había dos teatros e incluso dos bandas musicales.
Desafortunadamente, desde principios del siglo XX, con el cierre de la mina de cobre, todo el municipio se vio envuelto en una crisis lenta y profunda que, excepto por breves períodos, continuaría hasta nuestros días.
Finalmente, en la historia de este pueblo (foto abajo) hay que mencionar una vasta colina que se asoma hacia Volterra, siempre llamada «Camporomano».
El hallazgo de restos y la configuración del terreno demuestran sólidamente la tesis de la larga permanencia de un campamento militar romano vinculado tanto a motivos expansionistas que llevaron a la ocupación de Volterra como a la riqueza de minerales presentes en la zona.
Caminando entre las callejuelas, los pasillos estrechos, a través de las antiguas puertas del centro histórico, encontramos la bellísima Plaza del Castillo sobre la cual se asoman la Iglesia dedicada a San Blas, erigida en 1356, en la que se pueden admirar obras de arte de mérito y el Palazzo Pretorio, un edificio del siglo XIV con una magnífica fachada embellecida por el pórtico con bóvedas de crucería y arcos de medio punto apoyados en elegantes columnas de orden jónico. La plaza está dominada por la imponente Torre de los Belforti erigida en el siglo XI.

La Iglesia de Montecatini dedicada a San Blas fue erigida alrededor de 1356 bajo la dirección de Ugolino Guducci y Ciullo Barletti y consagrada en 1361. En 1421 la Iglesia de Gabbreto, ya en ruinas, fue reemplazada en el cuidado de las almas por la de San Blas. En 1463, Gabbreto dejó de poseer la Pila Bautismal que fue transferida a la Rectoría de San Blas, que desde ese momento se convirtió en Iglesia plebana.
Entre 1463 y 1467 se construyeron el campanario y el coro que fue fresqueado por un pintor sienés por encargo de Nicola Nieri de Montecatini. De estos frescos sólo quedan algunas trazas detrás del postergali (in cornu epistolae).
Inicialmente la Iglesia por razones urbanísticas tenía la fachada orientada al norte; en el interior, construido de tres naves, había: un rústico altar mayor en la nave central y dos altares en cada nave lateral. Entre 1514 y 1576, para construir la casa del párroco se obstruyó la fachada original y se abrió la actual entrada lateral eliminando un altar.
A los lados del altar mayor hay dos ángeles de mármol, llamados «ciechini», atribuidos a Mino da Fiesole y en dos nichos sobre el coro hay dos estatuas de terracota, realizadas por los Della Robbia, que representan a San Blas y San Sebastián.
En 1787, tras la profanación del oratorio de Camporciano, fue trasladada a la actual sacristía la estatua de la Virgen llamada de «Camporciano», que la leyenda cuenta que fue encontrada en un campo de la colina homónima. Posteriormente la Imagen Sagrada fue trasladada al altar en la nave opuesta a la entrada actual, donde se encuentra todavía hoy.
Recientemente se han demolido las bóvedas de las naves y el entramado peligroso de la nave central, se ha vuelto a exponer el techo y toda la armadura y se han enlucido las ventanillas del siglo XIV con ventanas superiores.
Es un edificio del siglo XIV que ha sufrido varias modificaciones, con una bellísima fachada embellecida por el pórtico con bóvedas de crucería y arcos de medio punto apoyados en elegantes columnas de orden jónico. Bajo el porticado hay una lápida conmemorativa de la admisión del Gran Ducado de Toscana al Reino de Italia con los resultados del plebiscito y otra que indica las antiguas unidades de medida y peso y sus proporciones además de un medidor de piedra para la medición de cereales.
El Palazzo fue sede del Municipio hasta 1956.
Hoy es la sede del Centro de Documentación de los Recursos y Actividades vinculadas al subsuelo en el Alta Val di Cecina. Es parte integral de un circuito de visita del Museo de las Minas que en Montecatini Val di Cecina incluye el sitio minero de Caporciano, con el Pozo Alfredo la entrada de la mina, las galerías, la Presa Muraglione.
El Centro alberga la documentación de la actividad que entre 1827 y 1907 hizo de Caporciano la mina de cobre más rica de Europa. El Museo ofrece una visión de la amplísima gama de recursos del subsuelo que desde la remota antigüedad han sido utilizados en el Val di Cecina. En las salas temáticas: las otras minas de cobre que en el 1800 marcaron las localidades más escarpadas, el papel de la sal gema -desde la antigüedad hasta hoy- la elaboración de la cándida piedra de alabastro, la peculiaridad de la cuenca geotermal y la utilización de fluidos endógenos, el esplendor de los mosaicos obtenidos con calcedonia, las vicisitudes de una única mina de lignito, la singularidad de los manantiales sulfurosos, la rica muestra de minerales en su multiforme capacidad de manifestación.
Un rico repertorio de material documental de tipo administrativo (nóminas, informes de trabajos, registros, correspondencia) y técnico (con planos y perfiles de galerías, dibujos constructivos) existente en el sitio minero.
En la plaza adyacente se encuentra la característica cisterna con borde cuadrado de piedra apoyada en un plano que desciende hacia abajo, en el fondo, la bella puerta de castillo adornada con dovelas blancas y negras.
La torre es una construcción con base cuadrangular y escarpada (siglo XI), sus muros de extraordinario espesor son a filarete, que en la parte inferior tiene zonas alternas con franjas blancas y negras.
Ya privada del coronamiento almenado, la torre fue propiedad de varias familias volterranas: los Belforti, los Pannocchieschi, y en último lugar los Inghirami y fue sede de los Capitanes de Volterra y Florencia para terminar hace poco años en manos de los franceses Barones de Rochefort.
Hay numerosas y artísticas ventanillas y son muy importantes los dos orificios abiertos, transversalmente por orden de los Belforti, prácticamente dos telescopios, uno dirigido al Mastio de Volterra y otro a la Rocca Sillina.
La torre que domina la población es el elemento emergente de lo que fue el sistema defensivo. De él quedan aún otras torretas más pequeñas y de forma redonda, que probablemente delimitaban la muralla y el camino de acceso al castillo. La torre es actualmente de propiedad privada.
Quizás etrusco, pero más probablemente de origen medieval, Miemo (foto adjunta) es un antiguo pueblo con la Iglesia dedicada a San Andrés, la granja, la bella villa residencial y algunas viviendas. Situado en la línea divisoria de aguas de la cadena de colinas desde la que comienza la pendiente de las colinas pisanas hacia el valle del Cecina, siempre ha representado una importancia estratégica.
De aquí las disputas por su posesión entre Pisa, Volterra y Florencia.
Hoy el pueblo tiene muy pocos habitantes y la actividad principal se dedica a la cría de animales de caza como jabalíes, muflones, corzos y perdices.
Siempre en el área adyacente a Miemo, hay la empresa agraria «Frassinello» que, en el campo de la ganadería, se ha dedicado prácticamente a los ciervos que en esta zona han encontrado su «hábitat» natural.
Sugestivo pueblo medieval (foto abajo panorama) encaramado en el espolón de una colina, que se asoma al este sobre el valle del torrente Sterza.
Desde la cumbre del «Poggio al Pruno», que domina el pueblo de Sassa, se puede contemplar el mar y admirar un panorama inmenso, dominante gran parte del Archipiélago Toscano y de cuyos pies comienza el famoso paseo de los cipreses que va de Bolgheri a San Guido, cantado por Carducci.
Las primeras noticias se encuentran en un documento fechado en 1008, cuando el Conde Gherardo vendió la mitad de las casas y posesiones que tenía en el lugar llamado Sassa, en la parroquia de San Giovanni di Casale.
En 1208 pasó bajo la hegemonía del Municipio de Volterra, y quizás fue entonces cuando para este pueblo también comenzó la lucha entre el Municipio y el obispo, prestando poca atención al hecho de que el Emperador Enrique VI, con su diploma de 1186, hubiera asignado el castillo de Sassa al Obispo de Volterra.
Hoy el pueblo aún presenta sus antiguas estructuras arquitectónicas, dominadas por un macizo torreón que quizás constituía el mastio de la antigua fortaleza.
La Iglesia ampliada a finales del siglo XVIII, se presenta hoy con un doble ábside, mientras que la parte más antigua consiste en el cuerpo con el ábside externo. Actualmente tiene dos altares: el altar del Santísimo Rosario a la izquierda y el altar mayor rehecho en 1963.
Digno de interés artístico es la pila bautismal de mármol rosado punteado, constituida por una columnilla rectangular sobre la que se apoya otra semicolumnilla adornada con un astrágalo de hojas de acanto.
El nombre Querceto tiene etimología floral medieval (siglo VIII-X).
Ya desde la antigüedad fue un castillo muy importante tanto que proporcionó aproximadamente 600 armados al Municipio de Volterra, pero que sin embargo sufrió las vicisitudes de todos los demás lugares de la zona. Primero cayó bajo la hegemonía de los Obispos de Volterra, con los diplomas de Enrique VI de 1186 y de Federico II de 1224, posteriormente pasó bajo el dominio del Municipio de Volterra, a quien los habitantes del pueblo se sometieron libremente el 20 de agosto de 1252.
Sin embargo, es probable que el Castillo de Querceto (foto adjunta) cayera bajo el dominio florentino antes que Volterra y los otros municipios vecinos.
En 1431 fue conquistado por las tropas del Duque de Milán, comandadas por Niccolò Piccinino evidenciando aún más la importancia militar atribuida al lugar.
En 1447, fue conquistado por las tropas de Alfonso Rey de Aragón y Nápoles, que destruyeron completamente las viviendas, excepto el castillo.
Fue en estos tiempos que comenzó un período de decadencia y abandono que se extendió hasta 1472, año en que data otro juramento de los habitantes de Querceto a Florencia. Fue bajo el dominio Florentino que Querceto pasó a formar parte del Vicariato del Val di Cecina. Es al año 1543 que se puede remontar el Señorío de los actuales Condes Ginori.
Indudablemente hoy todo el pueblo ofrece un interés excepcional, no sólo por el Castillo, sino también por sus antiguas casas y su Iglesia, dedicada a San Juan Bautista.
Externamente el edificio conserva el paramento original a filaret de pequeños sillares de arenisca y tiene una iconografía original. De hecho, para quien entra, se presenta una única nave que se amplía con dos crujías laterales, adquiriendo una forma de cruz. El ábside original ha sido sustituido por una cabecera rectangular. Destacan finalmente los símbolos de dos evangelistas (el águila y el león) a los lados del Redentor representado como niño, ejecutados plásticamente en el capitel de la semicolumna de la nave derecha.
El amplio y significativo fresco que se encuentra en el ábside es obra reciente del pintor Luciano Guarnieri.
Está constituida por varias casas de labor dispersas, cuyo núcleo más importante presenta edificios de notable interés arquitectónico y urbanístico (foto adjunta).
Se trata de una plaza sobre la que se asoman la Iglesia (con interesantes frescos del siglo XIX) y un edificio almenado y con torres, que recuerda el antiguo castillo mientras que al este se encuentra la granja, una majestuosa villa residencial del siglo pasado, en estilo neoclásico. Casaglia con la antigua Pieve de San Juan Bautista, fue uno de los castillos incluidos en el privilegio que Enrique VI, en 1186, otorgó a Ildebrando Pannochieschi, Obispo de Volterra. Los restos reacondicionados del castillo se encuentran en la cima de una colina a la derecha del río Cecina. Es ese Casaglia que aparece mencionado como el extremo confín del antiguo perímetro del territorio pisano, al cual los campesinos se rebelaron en 1345.
El pueblo de Casaglia formaba parte del castillo de Strido hasta la ley leopoldina sobre la regulación administrativa de las comunidades del Gran Ducado.
Casaglia alrededor de 1700 pasó a la familia Espinassi-Moratti que siempre la ha conservado.
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