
El Parque de la Valdera comprende seis municipios: Capannoli, Lajatico, Peccioli, Palaia y Terricciola.
La zona no presenta al visitante la imagen tradicional de un área natural protegida. No es un «santuario de la naturaleza», pero precisamente por eso representa una idea más avanzada de lo que un parque debe ser. Lo que ha movido a sus promotores es una idea sencilla: que el objetivo final de la creación de parques es establecer un modelo de convivencia satisfactoria entre el hombre y la naturaleza. La creación de «santuarios» representa en este sentido una fase transitoria, una intervención de emergencia para salvar algo que está a punto de desaparecer.
Y si consideramos un parque como un sistema complejo y equilibrado entre el hombre y la naturaleza, gran parte de la Toscana podría ser un parque, y con razón. Pero aquí, en Valdera, hay algo más.
El parque se encuentra a 25 km de Pisa, 30 de la costa pisana, 60 de Florencia, 45 de Siena, 65 de Versilia, 50 de la Costa y alberga una sorprendente riqueza de iglesias surgidas a lo largo de diez siglos. Cada una representa una historia única, un reflejo de una tierra rica en tradiciones ancestrales. El calendario de fiestas patronales, numerosas también por su interés turístico, es muy completo y algunas celebraciones tienen un encanto especial.
El parque está atravesado por la Ruta del Vino de las colinas pisanas, a lo largo de la cual se encuentran bodegas donde podrá degustar y adquirir excelentes vinos.
La gastronomía ocupa un lugar destacado con una cocina basada en productos locales y de origen ecológico.
Una característica sobresaliente de esta zona es el alto número de empresas agroturísticas. A lo largo de todos los caminos encontrará muchas señales que indican desvíos hacia una u otra granja.
Los itinerarios de Valdera, agradables y variados, atraviesan el territorio aprovechando caminos de tierra.
Partiendo desde el pueblo de Peccioli, descendemos por la empinada calle de Greta. En menos de un kilómetro nos encontramos en el cauce del río Era, caracterizado por una vegetación espontánea, frondosa y rica en variedad de aves.
Continuamos así bordeando el curso del río hasta el Molino de Ripabianca. Desde las playas, donde la sugestiva vista de los acantilados de toba que rodean el camino comunal Peccioli-Fabbrica nos sigue por la izquierda, es posible una variante hasta Ripabianca, que se puede utilizar en caso de crecida del río.
Aproximadamente a cuatro kilómetros comenzamos a subir para alcanzar el asfalto del camino comunal con el que llegamos al delicioso pueblo de Montecchio, para proseguir, aún por camino sin asfaltar, en la campaña de la zona de las Serre, variada en cultivos y aún hábitat natural de diversas especies de caza. Hay dos formas de recorrer esta zona: una desde las Costie y otra que regresa a Peccioli por el camino de la Virgen de las Serre, así llamado por el nombre de la iglesia homónima ubicada en este tramo, en una ligera elevación, y caracterizada por la presencia de una fresca y acogedora arboleda, destino de peregrinación el primer domingo de mayo.
Partiendo desde el pueblo de Fabbrica, después de algunos cientos de metros dejamos la carretera asfaltada y nos adentramos en un hermoso paisaje variopinto en primavera por los diferentes cultivos: avena, alfalfa, etc. Sobre la arcilla de las colinas descendemos hacia la llanura de Ripassaia, creada por el río Era, que bordeamos durante un par de kilómetros; en verano rica en retamas y campos de trigo. Cerca de la granja Tonaca reanudamos la subida, encontrando a la derecha el rico lago del Gatterosulla.
En las colinas de Diacceroni subimos hacia Montecuccheri acortando el recorrido, o continuamos hacia Poggio Rosso, atravesando tramos de densa vegetación espontánea, hasta la carretera «La Bonifica». Después de aproximadamente tres kilómetros tomamos hacia Montelopio-Fabbrica, concluyendo aquí el recorrido.
Cerca de la Carretera Provincial de las Colinas por Legoli, en el viejo Molino de cilindros del Calfalo, comienza el tercer recorrido. Después de un tramo de carretera asfaltada, se bordea la zona boscosa comprendida entre Fratello, Libbiano y San Teodoro, llegando así a la zona del Molinaccio, extremadamente bella pero de difícil paso durante el otoño e invierno debido a las abundantes lluvias, dada la confluencia de varios torrentes. A mitad del recorrido encontramos Villa Monti del siglo XVII, construida ciertamente sobre una fortaleza preexistente, que se alza solitaria en una zona casi desértica. Desde aquí el recorrido continúa a través de una agradable campaña tranquila con tramos asfaltados de la carretera provincial que, superado Legoli, lleva a Castelfalfi.
Desde la parte oriental del pueblo de Peccioli, descendiendo hacia el torrente Racosa y dejando atrás una vista intacta del pueblo, atravesamos la campaña de las Serre caracterizada por vastas posesiones de la Fundación Gaslini, ricas en olivares, viñedos y avenidas de cipreses. Tomando a la derecha cerca de la bifurcación tras el Colombiano, llegamos a Poggio al Pino con el viejo camino que unía las dos zonas. Descendemos para alcanzar el camino comunal de San Sebastiano, reincorporándonos poco después al camino sin asfaltar de la zona de Bandonica, bajo Poggio Cosmiano.
Desde este punto el recorrido se desarrolla en llano durante algunos kilómetros, acercándonos nuevamente a Villa Antinori y subiendo hacia Peccioli bordeando su parque. Poco antes del convento de los Padres Capuchinos, en la granja Paretaio, encontramos el Parque Prehistórico con 18 animales de fibra de vidrio a tamaño natural. Un lugar de esparcimiento y diversión.
El recorrido comienza a los pies del pequeño pueblo de Guizzano frente a la Iglesia de la Santísima Anunciada que alberga en su interior esculturas de madera de Nino Pisano del siglo XV y en los lados del pórtico una obra de arte contemporáneo, «Huéspedes», de Fortuyn/O´Brien. A través del pequeño centro se continúa en la campaña próxima hacia el Este hasta los confines del municipio y la provincia en un hábitat florofaunístico de belleza salvaje, casi intacto. Después de algunos kilómetros se regresa al pueblo de Cedri, donde domina el panorama la bella Villa Alessandria.
Recorridos algunos kilómetros de carretera asfaltada que discurre cómodamente por las laderas, regresamos a Guizzano. A mitad del recorrido es posible elegir una variante que reduce su longitud.
Breve pero interesante es este tramo que une el primer recorrido al tercero. Desde la cumbre de la colina de las Serre se pasa a través de una campaña sin edificios a los pies de la boscosa colina de Fratello-Libbiano, habitada por algún corzo que frecuentemente se asoma entre las ramas de los árboles. Entre las dos cumbres se encuentran los torrentes Filetto y Roglio, bordeados por altas hileras de álamos; un tramo ciertamente exigente en períodos de abundantes lluvias.
Los senderos del municipio de Peccioli, agradables y variados, atraviesan el territorio aprovechando caminos de tierra, trazados agrícolas, antiguos caminos empedrados, en su mayoría casi deshabitados.
Los recorridos se desenvuelven en una sucesión de torrentes, bosques y vastas campañas caracterizadas por una vegetación variada de cipreses, álamos y retamas. Los bosques de diversas formas, de los que parten los senderos, ofrecen al turista testimonios históricos, artísticos y culturales de indudable importancia. La variedad paisajística permite satisfacer a los aficionados de diversas disciplinas deportivas como el ciclismo de montaña, la equitación y el senderismo. También los amantes de la naturaleza encontrarán en el territorio pecciolese un ambiente relajante.
Las villas están dispersas homogéneamente por toda Valdera y la elección de ejemplos no es fácil, encontramos de hecho:
Importante villa granja de orígenes antiguos ubicada en la zona sureste del municipio y accesible tanto desde la carretera que conecta Lajatico con Volterra como desde la que conduce a Saline di Volterra. Según algunos fue un antiguo castillo romano. Seguramente en la Edad Media fue monasterio de los frailes hospitalarios (de ahí el nombre) de Altopascio y, posteriormente, granja de los Medici. Desde 1607 es propiedad de los Príncipes Corsini de Florencia y sigue siendo uno de los mayores complejos agrícolas de la zona.
Villa de estilo barroco tardío con motivos neoclásicos perteneciente a la familia Baciocchi, hoy villa Municipal, sede del Museo Zoológico. En la fachada del edificio, de planta rectangular, se notan dos torres probablemente preexistentes a la villa. En la planta baja donde se aloja el museo numerosos frescos decoran las estancias.
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