
El sistema de las denominadas «villas históricas» se configuró entre el 1400 y el 1800 gracias a numerosas familias pisanas y florentinas que eligieron construir estas residencias privadas a los pies del Monte Pisano, atraídas por la riqueza de la naturaleza y la suavidad del clima.
Fue especialmente a partir del 1600 y con la construcción de los edificios termales en el 1700 cuando San Giuliano Terme se convirtió en un centro de atracción internacional. En una época en la que la prosperidad se vinculaba al «aumento universal del lujo», el nuevo rostro de las Termas se convirtió en incentivo para embellecer, modificar y ampliar las villas de los alrededores. Fue precisamente en este período cuando, en el área del Lungomonte pisano, se desarrolló un itinerario de arquitectura de «deleite» que transitaba desde los placeres del campo hasta los lugares mundanos, de oración y bienestar.
Las cartuja, las iglesias parroquiales, las termas, las villas, marcadas por los perfiles de cornisas, frisos y coronamientos, se destacan a los pies de las colinas, presentando un lenguaje unitario.
Estos lugares de deleite representan hoy un ejemplo de continuidad histórica, cultural y productiva que la administración municipal se empeña en defender y valorizar con proyectos y propuestas dirigidas también hacia la Unión Europea. Desde hace algunos años, muchas de estas villas han sido devueltas a su belleza original y algunas se utilizan como centros de hospedaje, restauración y sede de eventos culturales y artísticos. Lo que sigue es una invitación a un viaje por algunas de las más relevantes muestras arquitectónicas.
Un recorrido que de norte a sur nos llevará nuevamente a la capital termal.
Las primeras noticias sobre la propiedad de Antonio di Guelfo Roncioni en Pugnano se remontan a 1468, pero solo mucho más tarde algunas descripciones ilustran el orden y claridad del palacio y del jardín. Es a principios del 1600 cuando la ‘simple’ casa de ciudad se transforma definitivamente en villa destinada al descanso estival, iniciando así una fase de transformaciones y ampliaciones. Resultan interesantes las falsas arquitecturas que, como desde un proscenio, se abren a pequeños salones con diversas connotaciones temáticas. Para la villa fue fundamental la realización del parque romántico de 50 hectáreas, iniciada en 1826. De gran efecto arquitectónico es la introducción en el parque de una manufactura: la hermosa fábrica de seda llamada Bigattiera, en estilo neogótico, realizada por Alessandro Gherardesca. Siguiendo el modelo de la abadía inglesa de San Luca, esta obra destaca como un telón de fondo sobre la alfombra de hierba del jardín creando una curiosa reciprocidad entre los temas de ciudad y campo. Sugerente también el bosque recorrido por senderos que marcan itinerarios en la naturaleza, con una alternancia de paisajes, juegos de luz y sombra, espejos de agua, junto con arquitecturas eclécticas. Entre la vegetación se encuentran también las ruinas de un castillo nunca completado y de una capilla neogótica. Desde hace algunos años la villa es escenario de iniciativas culturales y diversas ceremonias.
Realizada en varios momentos, a partir de principios del 1700, por Giovanni Saladino Dal Borgo. La configuración actual se articula según un esquema en «U» que, de manera neorrenacentista, modula los contornos de las aberturas en la sucesión de los órdenes y concluye los cuerpos en torre con una terraza balaustrada. Con un vano de escalera hipetral, en los techos abovedados se juegan temáticamente algunas dilataciones ilusionistas diferentes. Los ornamentos decorativos se atribuyen por Da Morrona a Domenico Tempesti, padre de Giovanni Battista. Un jardín se desarrolla en la parte posterior de la villa extendiéndose hacia arquitecturas complementarias al verde como la limonaia, la pequeña capilla en estilo ecléctico de finales del ochocientos y la forestería con decor neorrenacentista.
Su fundación se remonta a la segunda mitad del 1500, aunque su historia arquitectónica se caracteriza desde 1640 por importantes intervenciones. La configuración actual del edificio es el resultado de diversas intervenciones que entre el 1700 y el 1800 se superpusieron. A finales del 1700 se remonta la articulación de los espacios con la formación de la planta en «U» que encierra el jardín de flores (hortus conclusus) sobre el cual se abre el pórtico de orden toscano. La estructura interna y las decoraciones se caracterizan por texturas arquitectónicas trompe-l’oeil, en los modos rococó, en la cultura figurativa entre neoclásico y romántico. Data de 1800 la disposición del parque circunscrito por un recorrido anular con presencia de una significativa cascada de agua.
La construcción se remonta a los últimos años del 1500 cuando se decidió unificar una casa señorial y otra para los trabajadores, para agrandarla y transformarla en «villa». A pesar de los diversos cambios de propiedad entre finales del 1500 e inicios del 1800, la villa no sufre transformaciones consistentes, excepto por algunas modificaciones a finales del siglo pasado. Interesante es la extrema medida con que está compuesto el edificio, acentuada por el subrayado de las aberturas con marcos de cuarzo y carbonato de calcio que remiten al tema de la roca artificial y la «rústica» de gusto manierista.
Transformada en villa en 1611, actualmente se encuentra en estado de grave abandono que no permite una lectura aproximada de su estructura histórica. El topónimo parecería identificar con esta un complejo originariamente del género de la granja fortificada que entre finales del 1500 e inicios del 1600 llegó a adquirir, junto al papel de control de la propiedad territorial, los caracteres de lugar «destinado al descanso estival».
«.. tiene el palacio más hermoso que hay alrededor de Pisa ..» así describía Vincenzo Pitti en 1616 el valor correspondiente a la propiedad de Corliano de Iacopo della Seta. La estructura es rectangular, clásica, pero suavizada con importantes decoraciones incisas que aligeran la simetría de la estructura con simbologías que anuncian las virtudes domésticas y los augurios favorables para el campo. Muy sugerente es el parque que crea una armonía arquitectónico-espacial entre todos los edificios.
Construida a mediados del 1500, es una de las pocas villas en la provincia de Pisa que fue habitada directamente por la familia Medici. Con su forma rectangular, representaba el centro neurálgico de la villa-granja. Muy amada por Lorenzo el Magnífico, quien la habitó con su corte de literatos y artistas (de Poliziano a Gozzoli), la villa testimonia la presencia de modelos florentinos en el contado pisano, actualizados según las tendencias de la cultura manierista. Con una estructura coherente con los esquemas funcionales de las villas mediceas, la solución de la fachada adopta un lenguaje consuetudinario en los palacios urbanos de mediados del quinientos. La villa está rodeada por un espléndido parque de una hectárea con árboles centenarios y frutales. La Villa Medicea, hoy residencia histórica y visitable para el público, ha sido restructurada en tres plantas y disponible para estancias breves estacionales o largas residenciales, para eventos, reuniones y ceremonias.
Residencia de caza de Lorenzo el Magnífico, esta villa expresa bien el significado ‘humanista’ de la vida campestre y de la relación con la naturaleza. La estructura del palacio se proyecta sobre la estructura del jardín y de su piscifactoría, con un recorrido irregular anular que se aleja del edificio para desvanecerse en el verde de una densa vegetación de tilos, cedros, acacias, magnolias, alternados con pequeños bosques de camelias, claros herbosos y arbustos en un parque que se desarrolla siguiendo la inclinación del terreno.
Realizada a finales del 1700 a partir de instalaciones previas datables entre finales del 1500 e inicios del 1600, ha sido recientemente reestructurada y dedicada a local de restauración y ceremonias.
La arquitectura se centra en un tema consuetudinario en las villas de esta zona: estructura bloqueada cuya fachada, marcada por la frecuencia de aberturas perfiladas por marcos en piedra serena, se extroflexiona de la línea de alero gravitando hacia el friso donde estaba colocado el reloj de sol.
Aún se evidencian los caracteres dieciochescos de exterioridad y lujo de la condición originaria.