
Lugar ideal de vacaciones la Montaña Pistoiese, situada geográficamente en la alta Toscana, con sus cuatro municipios (San Marcello Pistoiese, Abetone, Cutigliano y Piteglio) ha logrado conciliar las modernas estructuras hoteleras y los servicios cualificados, tanto estivales como invernales, con el tesoro precioso de sus recursos naturales: la tranquilidad de los bosques, el aire fresco y cristalino, los productos genuinos de la tierra, el esplendor de los paisajes suaves y cambiantes. A quien la elija como destino de vacaciones, el Apenino Pistoiese ofrece las más variadas posibilidades de pasar el tiempo libre entre deporte, diversión, cultura y relax. Además, la proximidad con las ciudades de arte toscanas (30 minutos de Pistoia, una hora de Florencia y Lucca, una hora y media de Siena) permite alternar relajantes jornadas en la naturaleza con interesantes excursiones culturales.
En un espolón al pie del Monte Cuccola, sumergido entre densos bosques, se alza Cutigliano, pueblo de origen medieval, un lugar que aún hoy conserva casi intactos los testimonios de su pasado. Edificado a lo largo de una importante vía de comunicación, ya documentada en la época longobarda, que atravesaba el Paso de la Cruz Arcana hacia el norte, Cutigliano se desarrolló después de 1368 cuando, bajo Pistoia, se convirtió en sede de la Magistratura de la Montaña. El pueblo, caracterizado por sus estrechas calles flanqueadas de antiguos palacios y monumentos, es una prestigiosa localidad de veraneo que completa su oferta turística con la estación esquiadora de la Doganaccia, situada en la cresta apenina.
El punto focal del pueblo es la plaza del Municipio dominada por el Palazzo Pretorio o de los Capitanes de la Montaña, erigido a finales del siglo XIV y ampliado en los siglos posteriores. El paso del tiempo sobre estos antiguos muros está documentado por los numerosos escudos de piedra y terracota policromada de los Capitanes designados para ejercer esta ambicionada magistratura, mientras que un gran escudo de la familia Medici, coronado por las insignias papales de León X, preside el portal de entrada. Otro símbolo del predominio florentino es la estatua del Marzocco colocada sobre una columna de piedra en la plaza, copia de la escultura original que se conserva en la adyacente loggia renacentista, edificio que completa el equipamiento arquitectónico de este preciado espacio urbano, donde es posible admirar un fresco del siglo XVI con la Virgen y el Niño. El sonido del agua que brota de la pequeña fuente de piedra acompaña al visitante hasta la cercana iglesia de la Madonna di Piazza, donde se conserva otra obra en terracota esmaltada de Benedetto Buglioni. Interesantes ejemplos de pintura florentina del siglo XVII se pueden admirar en la iglesia de San Bartolomeo, justo fuera del pueblo.
Los alrededores de Cutigliano ofrecen la posibilidad de paseos y excursiones de notable valor ambiental como, por ejemplo, el Lago Scaffaiolo, el Melo, Pianosinatico, Pian di Novello y Sestaione, con la hermosa fuente granducal que aún hoy proporciona refrigerio a los turistas que atraviesan estas alturas. De particular interés son Pian degli Ontani, patria de la poetisa pastoril Beatrice Bugelli, y Rivoreta, pequeño pueblo donde se encuentra el Museo Etnológico de la gente del Apenino Pistoiese.
Situado sobre los restos de una antigua aduana, ubicada entre el Ducado de Módena y el Gran Ducado de Toscana, se encuentra la estación invernal y estival de la Doganaccia, localizada a 1547-1650 metros sobre el nivel del mar. Esta localidad está conectada con la capital de la provincia mediante una carretera que serpentea entre los hayedos y a través de un teleférico. Otro tramo de teleférico conecta la estación de la Doganaccia con la Cruz Arcana.
Fiumalbo es un perfecto ejemplo de pueblo medieval, elegido por su encanto artístico y arquitectónico como «CIUDAD DE ARTE». El territorio del municipio presenta una notable variedad morfológica, con una altitud que varía desde los 800 metros hasta los 2165 del monte Cimone. La riqueza de las aguas asegura una naturaleza exuberante, desde bosques de robles hasta castaños, hayedos, hasta praderas. El interés del entorno radica tanto en su belleza intrínseca como en la posibilidad de abarcar desde balcones naturales hasta los Alpes y el Tirreno. El nombre del pueblo, situado a una altura de 970 metros, alude a las aguas de los dos arroyos que lo rodean. Sus orígenes son muy antiguos: está documentada en 1038 su donación al obispo de Módena por parte de Bonifacio de Toscana, padre de Matilde de Canossa. Fiumalbo siempre ha tenido relaciones culturales y comerciales con la Toscana, de las cuales ha quedado constancia en el dialecto y en los apellidos de muchas familias de Fiumalbo. El centro histórico conserva íntegra la arquitectura medieval; su núcleo urbanístico es la iglesia del siglo XIII de San Bartolomeo, fuertemente modificada a lo largo de los siglos.
El torrente Lima nace en Toscana, en el alto Apenino Pistoiese, en las proximidades del Abetone, y tras recorrer 40 km desemboca en el Serchio, del que es el mayor afluente. Durante su recorrido es dividido por tres presas Enel en otras tantas partes, cada una con características diferentes. El primer tramo, que va desde la fuente hasta la confluencia con el Limestre, tiene un caudal muy bajo, al igual que el último tramo. El tramo desde el Limestre hasta la presa de Giardinetto es el que tiene mayor caudal de agua y es el más adecuado para la pesca de truchas. Torrente aún hoy muy vivo, alberga en sus aguas un buen número de peces. Sin duda, la trucha es la especie más abundante en todo el curso del torrente.
El río Reno nace en Prunetta, en la Montaña Pistoiese, a 958 m s.n.m. Este primer tramo de la vida del río se caracteriza por numerosas cascadas y por una fuerte acción erosiva del agua, que de esta manera excava su propio lecho y forma el valle. El río tiene una corriente muy fuerte, por lo que el transporte de rocas y detritos es también un fenómeno geomorfológico muy importante, así como el depósito de los materiales transportados.
Extensos castañares rodean el pueblo de Gavinana, conocida localidad de veraneo, que conserva aún hoy la estructura de pueblo medieval en las retorcidas callejuelas que suben hasta la plaza principal y en las antiguas casas de mampostería de piedra local, con pequeñas ventanas y portales enmarcados que en primavera se adornan con flores de vistosos colores. La historia del pueblo está ligada a un héroe: Francesco Ferrucci, comandante de las milicias de la República Florentina que el 3 de agosto de 1530 condujo a sus soldados en la encarnizada batalla contra las tropas imperiales.
A este combatiente heroico que luchó hasta la muerte está dedicada la estatua ecuestre en la plaza central del pueblo y el cercano Museo Ferrucciano, que conserva recuerdos y memorias de muchos patriotas italianos que en la época del Risorgimento rindieron homenaje a Ferrucci. En la misma plaza, lugar de encuentro y de manifestaciones culturales y folclóricas, se alza la antigua pieve de Santa María Asunta, edificada en el siglo XII y transformada en su interior en el siglo XVII. Aquí se conservan dos valiosas obras del siglo XVI en terracota esmaltada realizadas por Benedetto Buglioni, y un precioso órgano del siglo XIX de Cesare y Luigi Tronci, celebres organeros, instrumento que forma parte, junto a otros órganos históricos guardados en las iglesias de montaña, de la prestigiosa tradición musical pistoiese.
A diferencia de otros lagos, el Lago Scaffaiolo, que se encuentra a 1800 metros de altitud, no es de origen glacial: fue generado por las aguas de lluvia retenidas por las rocas impermeables presentes en esta parte del Apenino y no tiene ni afluentes ni efluentes. El lago siempre ha sido un destino turístico, como lo demuestran numerosos documentos escritos por personalidades ilustres y la presencia de monedas romanas encontradas en la zona. Una creencia popular del pasado cuenta que si alguien se atrevía a perturbar la tranquilidad del agua, sobre él se abatiría una terrible tormenta unida a niebla y viento. Una curiosidad: parece que el nombre Scaffaiolo derive de «scaffa», es decir, «cuenca».
Lucchio (670 metros s.n.m.) es un pueblo poco conocido pero muy hermoso y sugerente, también porque ha mantenido íntegra la estructura medieval original. Es un aglomerado urbano «agarrado» a la roca, constituido por casas altas y estrechas muy próximas entre sí, coronadas por una antigua fortaleza que hace siglos representó un punto estratégico para el control del camino de comunicación del fondo del valle. Está rodeado de montes más altos cuya vegetación está compuesta principalmente por castañares. El nacimiento del pueblo puede remontarse alrededor del año Mil, y su historia, así como su población, siempre estuvieron ligadas a la fortaleza. En el pasado la población era muy numerosa, pero después de que la fortaleza perdió toda su función defensiva, el número de habitantes comenzó a disminuir constantemente, alcanzando en nuestros días la cifra de aproximadamente 60 personas. Durante el período estival, sin embargo, el pueblo se repuebla gracias al regreso de los habitantes emigrados y a los turistas en veraneo.
Maresca, ubicado a una altitud de 790 metros s.n.m., es un antiguo pueblo situado en una zona que en la antigüedad conoció la influencia de los ligures y los romanos, pasó algunos siglos después bajo el dominio de Pistoia y casi inmediatamente fue sustituido por el de Florencia. Es un lugar muy frecuentado por visitantes que en estas zonas realizan largos paseos en medio de la naturaleza y recorren itinerarios de trekking. En el interior de Maresca se encuentra el Palazzo Rospigliosi, de origen del siglo XVI; dentro del palacio se encuentran no solo frescos del pintor Bartolomeo Valiani, sino también otras estructuras arquitectónicas de notable interés artístico.
Pequeña aldea rural de alta montaña situada en la misma vertiente de la capital, Melo (1007 metros s.n.m.) es localidad de veraneo y punto de partida para excursiones a Libro Aperto, Lago Scaffaiolo y Corno alla Scale. Esta fracción tiene alrededor de sí muchas explotaciones agrícolas y agroturísticas que ofrecen a los visitantes productos ecológicos. La zona tiene además importancia para la recolección de frutos silvestres.
Monte Calvo está en el centro de vicisitudes históricas que se pierden en los siglos. Ya habitado por villas rústicas romanas que gravitaban sobre la cercana Bononia, posteriormente fue precisamente uno de esos castillos el que fue destruido en 1175 por el arzobispo Cristiano de Maguncia, canciller de Federico I, que conducía la lucha contra Bolonia y las otras ciudades de la Liga Lombarda. La fortificación debía encontrarse en la colina que domina la iglesia y que hoy lleva el nombre de Palazzo. Su iglesia estaba dedicada a San Juan Bautista.
En tiempos más recientes hay que recordar a un gran erudito italiano, Quirino Maiorana que en una construcción cerca de la iglesia realizó en 1931-32 sus experimentos de telefonía.
La Reserva Natural Biogenética de Pian degli Ontani fue instituida en 1977. Se extiende por aproximadamente 500 hectáreas en las proximidades de las localidades de Pian di Novello y Pian degli Ontani, en la margen derecha del torrente Sestaione, a una altitud comprendida entre 1100 y 1800 metros. El suelo está formado predominantemente por piedra arenisca, mientras que el terreno boscoso está compuesto casi exclusivamente por masivos de haya obtenidos de antiguos bosques cedizos de época granducal. Este territorio se utiliza además para producir semillas seleccionadas para la repoblación forestal. Los numerosos senderos en su interior, además de una amplia pista sin asfaltar que en invierno se utiliza como pista de esquí de fondo, la hacen fácilmente transitable; es en gran parte accesible también para personas con movilidad reducida en silla de ruedas. Pian degli Ontani es además conocida por ser la patria de Beatrice, poetisa pastoril, cuyos estribillos fueron muy apreciados por poetas e intelectuales famosos como Tommaseo, Tigri y Lorenzo Borri.
Situado en una cuenca rodeada de bosques de rara belleza, Pievepelago es uno de los principales centros turísticos del Apenino Modenés. Es sede del Parque Regional del Frignano y comprende los territorios del Alto Frignano hasta el confín con la Toscana, marcado por la cresta de la divisoria de aguas. Numerosas instalaciones deportivas, decenas de itinerarios senderistas, centros de turismo ecuestre e instalaciones para deportes invernales la convierten en uno de los destinos más apreciados por los turistas. Desde el punto de vista naturalístico, el área de la cresta tosco-emiliana es sin duda la más valiosa, tanto bajo el perfil geomorfológico, por el circo glacial del grupo Giovo-Rondinaio, como por algunas estaciones de flora espontánea únicas en el Apenino. El mayor atractivo lo ejercen los lagos glaciales (Lago Santo, Lago Baccio y Lago Turchino), que salpican el anfiteatro morrénico, y la cresta misma, constituida por una corona de montañas que rozan los 2000 metros, entre las más bellas y salvajes de todo el Apenino.
Pievepelago fue sometido al municipio de Módena, luego a los Montegarullo, después a los Estensi. La vía Vandelli, y aún más la vía Giardini, la sacaron del aislamiento y la convirtieron en un mercado frecuentado. En Roccapelago es particularmente interesante la Rocca de Obizzo da Montegarullo, recientemente restaurada; al confín con el municipio de Riolunato se alza sobre el Scoltenne el medievalPuente della Fola, en lomo de asno; en los Casoni, las famosas cabañas célticas, el oasis faunístico y el Lago Rovinoso; en Ponte Modino, el Oratorio de la Madonna dei Renacci y, al confín con Fiumalbo, la pequeña iglesia de San Michele, aún con el ábside románico. Sugerente, finalmente, el recorrido a lo largo de la antigua vía Vandelli hasta el pueblo medieval de San Pellegrino in Alpe, rozando el Alpe Sigola y el Sasso Tignoso.
Desde la plaza del pintoresco pueblo de Popiglio, tomad la vía delle Corti. Una serie de callejuelas de piedra serena se serpentean en el interior del antiguo pueblo medieval manteniendo una espléndida vista sobre el subyacente Valle de la Lima. Poco después de haber superado un arco de piedra, tomad la vía della Veduta, que desciende a través de un bosque de robinia y llega al puente de Castruccio sobre el torrente de la Lima. Subiendo al picadero es posible alquilar caballos para hacer excursiones por los alrededores.
Ubicado en la frontera entre Toscana y Emilia, el Municipio de Sambuca Pistoiese constituye el punto de encuentro entre dos territorios que conviven lado a lado con su cultura y tradiciones en esta zona de la montaña pistoiese. Los altos valles de los torrentes Limentra y Limentrella fueron en el pasado áreas de gran importancia, con sus entramados de caminos, como la Vía Francesa de Sambuca, que conectaban la Toscana centro-occidental con el valle del Reno y, por lo tanto, con las ciudades de la Vía Emilia y la llanura del Po. En estas antiguas vías de comunicación surgieron en la Edad Media iglesias, monasterios y hospederías, de las cuales hoy quedan documentos y testimonios visibles en el territorio. Recorrer los senderos de esta parte de nuestra montaña significa descubrir un pasado ilustre e sumergirse en un paisaje de rara belleza. El castillo de Sambuca, erigido a partir de mediados del siglo XI como puesto de control, desempeñó un papel estratégico en las disputas seculares entre Bolonia y Pistoia, a la que se anexionó definitivamente solo en 1775. El pueblo ha permanecido como era hace dos siglos, con sus casas alineadas sobre los huertos aterrazados que miran hacia el sur, la pequeña plaza que conduce a la iglesia, y en lo alto los restos de la antigua fortaleza. La maciza torre truncada es la memoria evidente del carácter militar del castillo, mientras que restos de las antiguas murallas se encuentran integrados en la casa del párroco y en la iglesia de San Giacomo Maggiore, patrón de Pistoia con el nombre de San Jacopo. Caminando por este antiguo pueblo, el visitante se sumerge en un espacio fascinante y se reapropia de sonidos casi olvidados como el agua que fluye de la fuente pública, las conversaciones de quien pasea o se detiene en las estrechas calles y pequeñas plazuelas, o el viento que agita los árboles de los bosques circundantes. Otra fortaleza importante del sistema defensivo en esta parte de la montaña era el castillo de Torri, documentado desde el siglo XI, del cual permanecen visibles algunas huellas. En este sugestivo pueblo de montaña, caracterizado por estrechas calles empedradas, se alza sobre una elevación natural la iglesia de Santa María Assunta, de origen medieval, que hoy presenta su aspecto de los siglos XVI y XVII. Y es en verano cuando la vida del pueblo cobra vida con manifestaciones culturales y folclóricas que unen en una fiesta común a habitantes y visitantes.
San Marcello, uno de los centros turísticos más apreciados y conocidos para estancias estivales desde el siglo XIX. El pueblo se alza en una colina soleada, cubierta de verdes bosques, que desciende suavemente hacia el valle del torrente Limestre. El pueblo, quizás de origen romano, ofrece al visitante testimonios de los siglos pasados, cuando, desde el siglo XIV, se disputaba con Cutigliano la sede del Capitanado de la Montaña. En la iglesia románica dedicada a San Marcello, modificada en los siglos XVII y XVIII, se conservan las reliquias de Santa Celestina, patrona del pueblo y protectora de la montaña, celebrada el 8 de septiembre con una gran fiesta que culmina cada año con el lanzamiento de un coloridísimo globo aerostático de papel construido sobre la base de los diseños de los hermanos Montgolfier.
Numerosas son las excursiones que se pueden hacer desde San Marcello, recorriendo los antiguos caminos y los numerosos senderos para sumergirse en un paisaje encantador donde es posible redescubrir los aromas, los sabores, los sonidos de la naturaleza. Además de los itinerarios trazados en el secular bosque del Teso, se pueden alcanzar metas verdaderamente inusitales como el estrecho puente colgante de Mammiano, una larga pasarela que une las dos márgenes del torrente Lima, construido en 1922 para los obreros que trabajaban en la Sociedad Metalúrgica de Mammiano. No hay que perderse tampoco la visita al Observatorio Astronómico que en las limpias noches de verano ofrece la oportunidad de escrutar el cielo estrellado. Desde San Marcello Pistoiese se pueden alcanzar fácilmente otras localidades sugestivas. Maresca, pequeña pero concurrida estación climática, donde cada año en julio se celebran el Festival Internacional del Folclore y «Extra d’arte», una manifestación de teatro y música con artistas callejeros. Lizzano, pueblo de orígenes antiquísimos, fue entre los siglos X y XIV uno de los centros más importantes de la montaña. Hoy el lugar se caracteriza por una serie de murales que adornan los edificios del pueblo, realizados entre 1985 y 1990 por artistas del Grupo Donatello, donde con un lenguaje de tintas vivaces se cuenta la vida de la montaña.