
Centro agrícola importante situado en la vertiente más accesible de las Crete Senesi, Buonconvento experimentó un notable desarrollo en el siglo XIII gracias a su posición estratégica y favorable en la confluencia del Arbia y el Ombrone, así como su ubicación a lo largo de la Vía Francígena.
Bajo el dominio de Siena de forma constante, en 1313 fue ocupado por las tropas del emperador Enrique VII, quien murió repentinamente en el lugar. El pueblo está rodeado por la muralla rectangular que le fue conferida en el siglo XIV, de la cual conserva la monumental puerta septentrional.
En el pasado, a la floreciente producción agrícola, en particular de las plantaciones de moreras que alimentaban a los gusanos de seda, se sumó la ganadería vacuna que se volvió tan importante que requirió, a partir de 1854, una feria anual. Un ejemplo singular de la apasionada recreación del pasado ‘medieval-humanístico’ en clave moderna, al cual se aludía con respecto a la Capilla Pieri Nerli en Quinciano en el municipio de Monteroni d’Arbia, se encuentra también en la iglesia de la Archiconfraternidad de la Misericordia en Buonconvento, rica en bicromías que aluden a los mármoles blancos y verdes de la tradición senesa entre los siglos XIV y XV, con bóvedas pintadas con franjas de colores y estrellas doradas sobre fondo azul, ventanas apuntadas con vitrales ricamente decorados, muebles de madera sabiamente tallados.
Se trata sustancialmente de todos esos ingredientes que artistas como Giuseppe Partini llevarían a cabo durante esas restauraciones de estilo (del perdido interior de la Colegiata de Asciano o de muchas partes del complejo conventual de Monte Oliveto Maggiore, así como en fábricas senesas como el interior de la iglesia de San Francesco o el imponente y completamente neomedieval Castellare dei Salimbeni) que la mayoría de las veces tendían a la cancelación de los testimonios artísticos de los siglos posteriores a ese momento ‘áureo’ del arte toscano, considerados fruto de una «decadencia» que se pretendía remediar devolviendo el edificio tratado a su aspecto «originario» (verdadero o en la mayoría de los casos solo presunto).
Una práctica que conduce a la reconstrucción de enteras porciones de la fábrica ‘tratada’ según un lenguaje arquitectónico que sin embargo no es seguro (ni pretendía serlo) la reposición fiel (servil) del original de los siglos XIV o XV (así nacen nuevas torres de ladrillo, nuevas fachadas marmóreas, almenas imponentes, portales ricamente tallados, paramentos murarios adornados con hierro forjado artísticamente elaborado, salas o coros cuyas paredes están completamente revestidas de lambrisería y sillerías taraceadas y talladas, bóvedas fresacadas al modo de los artistas del XIV y XV siglo, vidrieras de colores, y así sucesivamente), sino un testimonio sentimental de cómo los artistas y amantes del arte del siglo XIX revivían en su alma «perturbada y emocionada» las formas de una época tanto amada como en gran medida inventada por ellos mismos (un poco como cierto Medioevo o cierto Renacimiento revisitado en tantas óperas por la sensibilidad romántica de Giuseppe Verdi).
En el territorio se recuerdan la nueva iglesia de San Lorenzo, construida en Bibbiano según diseño del senés Lorenzo Doveri entre 1820 y 1822, así como la iglesia parroquial de San Lorenzo en Percenna, de origen medieval, renovada en 1830.
El asentamiento fortificado de Bibbiano está presente en el lugar desde al menos el 850, propiedad del conde longobardo Guinigi di Reghinari, legado imperial en tiempo de Ludovico II. El nombre Bibbiano deriva de ‘Bibbio’ (en latín bibianum), ave acuática similar al pato de la cual eran abundantes estas tierras, también llamada Silbón europeo.
El castillo de Bibbiano domina el alto valle del Ombrone desde un cerro a poca distancia de Buonconvento. El asentamiento fortificado está presente en el lugar desde al menos el 850, propiedad del conde longobardo Guinigi di Reghinari, legado imperial en tiempo de Ludovico II. El nombre Bibbiano deriva de ‘Bibbio’ (en latín bibianum), ave acuática similar al pato de la cual eran abundantes estas tierras, también llamada Silbón europeo.
Propiedad de los Guiglieschi, en 1051 el emperador Enrique III lo entregó bajo la protección de la Abadía de Sant’Antimo. Posteriormente Bibbiano pasó a los condes Cacciaconti que en 1197 lo donaron a la República Senesa, que procedió al reforzamiento de las estructuras. Se realizaron adiciones y restauraciones ulteriores en 1338 y en 1400. En este período fue huésped del castillo Pietro Lorenzetti, quien pintó aquí su última obra, la Anunciación. Dañado múltiples veces, a principios del siglo XVI el complejo fue adquirido por el cardenal Raffaello Petrucci, quien lo hizo restaurar por Baldassarre Peruzzi, el cual pintó una espléndida Madonna precisamente en la capilla del castillo. Otros importantes pasajes llevaron Bibbiano primero a manos de los Borghese, los Chigi y los Malavolti de Siena. En el último siglo el castillo fue declarado monumento nacional (1922). Aún hoy el castillo es propiedad privada, parte de una vasta empresa agropecuaria y vinícola propiedad del comendador Silvio Nardi.
Aunque ha sido utilizado más como residencia que como fortificación, Bibbiano se presenta aún hoy con su fiereza de castillo medieval, un macizo cuadrilátero rodeado por foso, la puerta principal dotada de puente levadizo, dos recintos murarios con aspilleras, camino de ronda y gran parte de la almena guelfa intacta, dos torrecillas de esquina con aparato defensivo sobresaliente sobre ménsulas de piedra (ambas en el frente occidental, una íntegra y otra desaparecida), torrión central (cuya cúspide fue reconstruida después del terremoto de 1909 y dotada de techo apoyado sobre la preexistente almena). Todo es libremente visitable desde el exterior, el interior solo bajo cita previa.
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