
La conformación urbanística de San Casciano dei Bagni traza de manera natural un recorrido que acompaña suavemente al descubrimiento de los rincones más bellos. Se trata de un itinerario circular, así como el centro histórico se sitúa alrededor de la cima de la colina donde se emplaza y de la Colegiata que marca el vértice con su campanario.
Lo que domina la primera imagen que se tiene de San Casciano dei Bagni es el castillo con sus muros y la elegante torre, integrado tan perfectamente en el entorno que no sugeriría haber sido construido a inicios del siglo XX. Desde piazza Matteotti, como en una terraza, se puede admirar uno de los panoramas más hermosos de la campiña toscana.
Es la iglesia principal de San Casciano. A lo largo de los siglos ha cambiado tanto su estructura arquitectónica como la organización eclesiástica que la gobernaba. Inicialmente era regida por cuatro sacerdotes llamados Pensioneros de San Guglielmo, ya que dependían de un convento de monjes Guglielmitas ubicado cerca de la localidad Acerona. La dedicación de la iglesia a San Leonardo probablemente haya que buscarla en la veneración del santo en el convento de Acerona. En 1618 la iglesia fue elevada al rango de Insigne Colegiata, a ella se adscribía un Cabildo de siete sacerdotes: el Arcediano, que era la máxima dignidad capitular, y seis Canónigos. La nomina del Arcediano y de los Canónigos correspondía a la Comunidad, la cual tenía el jus patronatus de la iglesia de S. Leonardo.
Además de los canonicatos, a los cuales se añadió posteriormente el de la Desposición de Cristo, existían también cinco Beneficios; estos eran de patronato de algunas ilustres familias sancascianesas, las cuales se encargaban por su cuenta de nombrar a los sacerdotes que asumirían su titularidad. Los siglos XVII y XVIII representaron el período de máximo esplendor para la Colegiata, frecuentada por obispos y cardenales tanto italianos como extranjeros, quienes venían a San Casciano para realizar tratamientos termales. La Colegiata de San Leonardo ha sufrido a lo largo de los siglos varias modificaciones en su estructura arquitectónica. En su forma original la iglesia debía estar orientada según el eje oeste/este, en lugar de la actual norte/sur, con entrada en el lado que hoy ocupa el Oratorio de S. Antonio, como testimonia el hallazgo del portal actual precisamente en ese lado; el estilo utilizado era sin duda el gótico, con abundancia de elementos de travertino labrado, como demuestran, además del portal, restos de cornisas y columnas. Posteriormente se le dio la orientación actual, probablemente en el siglo XVI cuando se fundó la Cofradía de S. Antonio y se edificó la correspondiente iglesia. El campanario fue construido en 1606.
En la iglesia de S. Antonio, adyacente a la Colegiata, tenía su sede la Cofradía de S. Antonio, fundada entre finales del siglo XV e inicios del XVI. La Cofradía poseía además dos Hospitales, uno en el pueblo y otro junto a la Iglesia de S. María della Colonna en las Termas; cada Hospital era atendido por un hospitalero elegido por el Consejo de la Cofradía. También la iglesia de Sant’Antonio sufrió varias modificaciones arquitectónicas, particularmente en el siglo XVIII.
En 1741 se desplazó la escalinata que la conectaba a la Colegiata, la cual se encontraba originariamente al lado del altar central dedicado a San Cassiano.
En 1748 se realizaron los trabajos principales que modificaron el aspecto interno de la iglesia, a la cual se le dio un aspecto barroco gracias a la realización del ábside circular y de las columnas en falso travertino. Diez años después el maestro Pietro Sperone terminó los estucos que adornan el ábside. En su interior se conserva una estatua de madera que representa a la Virgen con el Niño.
Originariamente se utilizaba como Palacio de Justicia, sede de los órganos administrativos del Municipio y residencia del Podestá. La realización del adyacente castillo modificó su estructura original. La fachada y el atrio están ornamentados con los escudos de algunos Podestás de San Casciano. En la parte izquierda de la fachada hay una columna donde están grabadas las unidades de las antiguas medidas de longitud sancascianesas. En el atrio se conservan otros escudos de los Podestás y un arquitrabe del siglo XVI con el escudo del Municipio. En la sala del Alcalde se conserva una urna funeraria etrusca de terracota.
La torre probablemente formaba parte del cassero del castillo de Celle. El centro histórico conserva una singular estructura urbanística con planta cuadrangular, vías amplias perfectamente rectas y una gran plaza desproporcionada respecto a las dimensiones actuales del pueblo.
La República de Siena, una vez que tuvo definitivamente Fighine, encargó en 1446 a Biagio De Stinis la ampliación del castillo de modo que tuviera planta cuadrangular, delimitado en los vértices por la torre vieja (la cuadrangular, adaptada a las nuevas exigencias militares gracias a la realización del confeso o contrafuerte y a la reparación de las almenas y de los matacanes), por la torre maestra, por la torre semicircular y por la torre llamada «sarracenesca»; esta última, aunque no se menciona en los documentos anteriores, está documentada en otros posteriores y probablemente protegía la entrada del cassero. Además se rebajó una elevación de tierra en la parte occidental, ya que constituía el único verdadero peligro para un ataque con artillería. El golpe de mano de las tropas pontificias de 1451 interrumpió los trabajos, aunque estos ya habían sido completados en sus líneas esenciales. En 1466 la República de Siena envió al Maestro Giovanni Gori de San Quirico a Fighine para terminar los trabajos.
Las aguas termales de San Casciano fueron ciertamente muy consideradas entre los antiguos, como testimonian los autores de los tratados sobre termas que se han sucedido a lo largo de los siglos, y como confirman los estudios contemporáneos. Por lo demás, las evidencias arqueológicas lo confirman, aunque debemos en su mayor parte confiar en las memorias de nuestros antepasados debido a la falta de investigaciones en nuestros días. Como todos los lugares termales, San Casciano también afrontó el período de decadencia de la Alta Edad Media, sufriendo una drástica reducción demográfica y urbanística. Pero a diferencia de otras localidades permaneció firmemente anclado a su identidad, conservando tanto importantes restos de las estructuras termales antiguas, como la memoria del uso de las aguas si se piensa que en los documentos del siglo X encontramos el topónimo «ad balneo». Es lógico por tanto que con la reanudación de la práctica de las curas hidroterapéuticas del siglo XIII viniera a encontrarse en una posición de primer plano en el contexto termal italiano.
A sus «muchos baños» Ugolino da Montecatini dedicó un amplio espacio en su «Tractatus de Balneis» (1417). De la ley sobre atribuciones al Operario de los Buttini, Fuentes y Baños de 1590 se deduce que San Casciano y San Filippo son los Baños principales del Estado de Siena y por tanto como tales deben ser visitados tres veces al año (los otros solo dos).
El verdadero resurgimiento del termalismo sancascianés se produce en el siglo XVII y en todo el siguiente. En este período nuestra localidad es destino de estancias de la nobleza italiana y europea. Los ilustres bañistas son hospedados en las casas de los sancascianeses, y se detienen durante al menos dos semanas, el ciclo mínimo de curas indicado por las prácticas terapéuticas de la época. El siglo XIX se abre con una ráfaga de novedades en el campo termal provenientes de Francia y Alemania; es la época de los grandes establecimientos termales, autosuficientes y con todas las comodidades, adecuados para la emergente burguesía industrial. San Casciano no logra adecuarse y por tanto pronto es excluido del gran circuito de las termas italianas.
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